
29 de Septiembre, Jueves
- Pues entonces comienza el juego ¿no?
- Que gane el mejor - la suave brisa mecio la túnica de Ally mientras se alejaba. Su sonrisa quedó sostenida en un vacio solo visible a mis ojos.
Dos días habian pasado desde que Sacharissa nos entregó la poción para poder comenzar nuestra apuesta. Durante ese tiempo habíamos retocado las normas para no dejar cabos sueltos y cada uno teníamos una copia debidamente firmada. La noche anterior salimos de nuestras torres a escondidas para sellar el trato a la luz de la luna, compartiendo las caricias sentí que probablemente no tuviese nada que ganar con nuestro juego, sólo Ally con ayuda de sus labios consiguió evaporar todas las ideas que revoloteaban en el interior de mi mente.
- ¿En que piensas? - Peter caminaba a mi lado con cara de preocupación. - Desde que Ally se fue no has dicho ni una palabra, ¿Os ha pasado algo?
- No, nada - palpé el bolso de mi túnica donde debería encontrarse mi varita, intentando disimular. - Simplemente estoy pensando que chica debería ser la primera en tener un lunar mágico en su cuello.
- Hola guapa ¿Quieres tener un lunar mágico en tu cuello?, solo tienes que enrollarte conmigo - aunque la voz imitada por Peter distaba bastante de la mia, tenía gracia. - ¿Eso es lo que les vas a decir?.
- Bueno, no está mal.
- Pufff. Puedo escuchar el bofetón desde aquí. - rió.
- Si no fuese porque no puedo contarle a ninguna que les saldrá un lunar, seguro que alguna caía, ¿Quien se va a resistir a tener un lunar mágico? ¿No quieres tu uno? - dije acercandome lentamente hacia él.
Instantaneamente Peter dió dos pasos atrás alejandose de mi trayectoria.
- Al no ser que el Lunar cumpla todos mis deseos te lo puedes quedar. Además en el caso de que lo quisiera... - Siguió alejandose. - conozco a una chica muy mona que también los va repartiendo.
Peter echó a correr nada más terminar la frase. Lo seguí esquivando los alumnos desconcertados que iba dejando a su paso, estaba claro que aunque Peter fuese torpe realizando cualquier acción que se me ocurriese, a la hora de huir era realmente hábil. Por dos veces casí terminó con los dientes pegados a una estatua que apareció sin más, al girar las últimas esquinas que conducían a la sala común. La puerta se cerró justo cuando estaba llegando mostrandome a Peter alejandose hacia las habitaciones. Frené frente a ella y recuperé el aliento, respondí con tranquilidad la preguntá secreta y entré caminando sabiendo ya no tenía a donde huir.
Nada más entrar en la sala lo localicé, estaba sentado junto a Sacharissa saludandome y sonriendo, me senté en el sitio libre que había justo enfrente de ellos.
- ¡Keith! ¿Como tu por aquí? Pareces cansado - rió Peter.
- Serás... -empecé a decir - Ya te cojeré, ya.
- ¿De que se trata esta vez? - intervino Sacharissa. - ¿Un frasco de tinta mal cerrado? ¿Una pasta de más en el desayuno?, la verdad es que sois como niños pequeños, quien lo diría.
- Mujeres - respondió Peter con sorna.
Ambos adivinamos la cara que pondría Sacharissa, estaba claro que la conociamos tanto como ella a nosotros.
- Como no, mujeres. - Apuntilló. - ¿Pero tu no estabas comprometido? - la picara sonrisa de Sacharissa descubría que sabía que eso había sido un golpe bajo.
- Claro, por eso mismo - respondió sin imnutarse. Sacharissa y yo nos miramos sorprendidos por la respuesta, pensabamos que Peter agacharía la cabeza, se quedaría callado o en caso de responder posiblemente habría sido algo relacionado con Stebbins.
- ¿No te entiendo? - lo miraba intrigada.
- Keith necesita ayuda para encontrar chicas para su apuesta y ahora soy su modelo a seguir. - volvió a reirse.
- Una cosa está clara - sentenció Sacharissa. - Keith has perdido.
Los tres reímos al unisono. Pasamos la tarde hablando de temas que poco o nada tenían que ver con la apuesta. Comentamos en voz baja como imaginabamos que sería la próxima reunión del "Club de Estudio", como solíamos referirnos a él, estabamos intrigados por todo el secretismo que rodeaba nuestra próxima reunión y eso hacía que fuese aun más atractivo.
- A mi no me causa muy buena impresión - opinó Peter en voz baja. - Siempre que se esconde algo, es que no es bueno.
- Ya sabes quienes son y quienes han sido miembros, es un privilegio que podamos acceder a un club tan selecto.
- Por eso mismo... - el susurro fue inperceptible casi hasta para nosotros que estabamos sentados a su lado.
- Seguramente hagamos lazos de amistad y cooperación que muy posiblemente nos sirvan de gran ayuda en nuestro futuro. - continuó Sacharissa acompañando sus palabras con ligeros movimientos de sus brazos como si estuviese explicando la lección del día anterior a los alumnos que no habían asistido.
- Lazos de amistad y cooperación, que bien sueña. - dije con sorna - Aunque los integrantes se alejen bastante de las personas con las que me gustaria crear esos lazos. Eso no quita que gracias a ellos este curso nos pueda resultar mucho más sencillo y no vamos a desaprovechar esa oportunidad ¿verdad?.
Sacharissa asintió y aunque Peter parecía más reticente, imitó el signo de afirmación de ella con la cabeza.
Stebbins y Sally se unieron al grupo poco tiempo despues centrandose la conversación el torneo que tendría lugar dentro unas semanas. Todos estabamos de acuerdo en que Slytherin tenía buenos candidatos para representar el colegio aunque no fuesen populares en el resto de casas. Cuando por el ventanal los rayos de sol comenzaban a desvanecerse decidí dejar a las dos parejas sólas, desde las escaleras les dediqué una última mirada, Sacharissa y Stebbins hablaban entre ellos sin parecer darse cuenta de como Sally y Peter permanecían atentos intentando buscar el momento para participar en la conversación. La escena resultaba sumamente extraña, hace unos meses ni siquiera habría pensado que podrían encontrarse Sacharissa y Peter a menos de una milla de distancía, sin embargo ahora no sólo estaban cerca, sino que ademas acompañados.
Me senté en el suelo de la habitación apoyando la espalda contra la cama, rebusqué en el bául hasta encontrar por fin el pergamino encantado el que nuevamente, unas noches atrás, había vuelto a usar para comunicarme con Ally. Al desatar el lazo que lo mantenía cerrado comprobé que ya me había escrito.
"Ally: 1-0".
No podía ser que hubiese encontrado a alguien tan rápido, seguro que estaba exagerando intentando ponerme nervioso. Saqué la pluma que hacía un instante había visto en el bául y moviendo la varita atraje uno de los botes de tinta que Peter tenía sobre su cama.
- "Eso no te lo crees ni tu" - Escribí sobre el pergamino. A los pocos segundos las letras desaparecieron.
Di un pequeño salto para subirme a la cama, volví a colocar el bote de tinta en su sitio y me recoste esperando una respuesta. Cuando recuperé la consciencia la habitación estaba invadida por una tenue oscuridad que me permitió distinguir a Stebbins acostado en su cama y escuchar como Peter parecía tener una discusión es sueños.
- Lumos - susurré iluminando el extremos de mi varita. La acerqué al pergamino que seguía inmovil sobre mi pecho.
"Ally: Has tenido suerte que he decidido darte un día de ventaja, pero mañana no seré tan condescendiente. Jeje."
Quizás tendría que haber dado más importancia a los sueños que esa noche me asaltaron, pero no fue asi.

26 de Septiembre, Lunes
Llevaba ya un buen rato viendo como hervía el ungüento que había decidido, aunque a regañadientes, prepararles a Keith y Ally para su ridícula apuesta. Intentaba vigilar también a los dos niños que habían decidido hacerme el curso imposible, fallando sistemáticamente en todas las pequeñas pruebas prácticas que el profesor Snape les ponía. "Seguramente es un problema de atención", me había dicho, "sus redacciones no son tan malas, así que lo más probable es que no se den cuenta de cuándo tienen que hacer qué." Y efectivamente, así era. Tiraban los ingredientes al caldero sin el más mínimo cuidado, y sin poner atención en hacia que lado había que revolver. Había intentado explicarles por qué ese detalle era importante, pero me habían mirado con cara de no entender absolutamente nada, así que hacía tiempo que ya había desistido de ello. Lo único que podía hacer era que repitiesen una y otra vez las pociones más básicas y comunes, corrigiéndoles cada cinco minutos, hasta que consiguieran aprendérselas de memoria. Era una tarea bastante ardua, pero aún tenía la esperanza de que algún conocimiento se les quedase grabado en sus cabezas vacías.
Cuando el líquido rosa había comenzado a espesar y a volverse transparente, lo tapé y lo dejé al fuego diez minutos más, mientras echaba a Eric y Noah de la mazmorra y me dedicaba a recoger los objetos e ingredientes que habían utilizado. Al terminar, me volví al caldero y recogí el potingue que había quedado, metiéndolo en dos pequeños recipientes, uno para cada uno, que deberían llevar consigo.
- Bueno, ahora a buscar a este par - me dije. - ¿Dónde se habrán metido?
Decidí buscar en los lugares más habituales, la biblioteca, el gran comedor, incluso cerca de la entrada de nuestra sala común. Al final les encontré en el patio, en uno de los bancos que había bajo los grandes arcos de la galería. Estaban con Yashira y con Brian, el hermano pequeño de Ally.
- Oh, hola. ¿Qué tal, Brian? Hace mucho que no te veíamos por aquí.
- ¡Sí! Es que ahora estoy en segundo curso. Y tengo que estudiar un montón. - me contestó.
- Si, claro. Estudiar. - le contestó Ally - espérate a llegar a nuestro curso, entonces sabrás lo que es estudiar. A tú edad tienes que, como mucho, memorizar un par de hechizos y aprenderte los ingredientes de pociones tan comunes que hasta un bebé podría hacerlo.
- Vamos, no seas dura con él. - le dijo Yashira. - ¿O es que no te acuerdas de lo difícil que lo encontrábamos todo nosotros al principio?
- ¿Sabes? - me dijo Brian, dándose la vuelta para hablar conmigo - ¡El ratoncito que me diste sigue vivo!
- Eso está muy bien, me alegro. Tienes que cuidarlo mucho para que no se ponga enfermo. - miré hacia Keith y Ally. - Ya tengo eso. Ya sabeis a lo que me refiero, ¿no?
- Brian, vete a estudiar. - le dijo Ally - no querrás quedarte retrasado, ¿verdad?
- Bueno, vale, mamá. Cada vez te pareces más a ella. - dijo, antes de irse corriendo.
- ¿Estás segura de que le controlan el azúcar? - le preguntó Keith a Ally - A mí me parece que sigue tomando demasiado...
- Pues no creas, el médico dice que... Vaya, no tiene importancia, dinos, Sach, ¿entonces ya está hecho?
- Sí, tomad. - dije mientras me sacaba del bolsillo de la túnica los dos botecitos.
- ¿Y como funciona? - preguntó Keith mientras le daba vueltas en la mano y lo abría. - Es transparente...
- Pues es bastante fácil, os lo ponéis en los labios, como si fuera pintalabios, y cuando beséis a alguien durante más de unos segundos, hará efecto y a las pocas horas, a la persona con la que os hayáis besado le saldrá un lunar en el cuello durante unas veinticuatro horas. Así os dará tiempo a verlo y a "anotarlo". Y antes de que penséis en hacer trampa, el beso tiene que ser en la boca, no vale cualquier otra parte del cuerpo. - Keith y Ally se miraron sonriendo. - Y debería deciros otra vez que no estoy de acuerdo con está tontería. Al final algo pasará y... ¿me estais escuchando? - dije viendo como empezaban a besarse - Sois de lo más raro que me he cruzado en mucho tiempo... De todas maneras, Keith, tú te tienes que venir conmigo . dije mientras tiraba de la manga de su túnica.
- ¿Por qué? - me dijo apartándose de Ally. - Me lo estoy pasando muy bien.
- Tienes que venir conmigo porque... tenemos que estudiar. Y sabes, tenemos que seguir con lo del grupo de estudio. El que tenemos Peter, Anthony, tú y yo.
- ¿Anthony? ¿Quién es Anthony? - me miró sin comprender.
- Stebbins, tonto.
- Creo que es la primera vez que te oigo menc... - sacudió la cabeza - Espera, ¿qué grupo de estudio?
- El grupo de estudio. El grupo de estudio con Wilkes, que nos ayudará a prepararnos para el año que viene...
- Ah, claro, sí. ¿Pero desde cuando lo llamamos...? Ah, ya lo entiendo. - me guiño un ojo - Te refieres al "grupo" de estudio. - podría jurar haber visto las comillas metafóricas dibujadas en el aire.
- Sí... y llegamos tarde. Así que vamos.
- Hasta luego, señoritas - dijo despidiéndose de Yashira y Ally, que nos miraban confundidas, corriendo luego para incorporarse a mí, que ya me había alejado.
Tras entrar en nuestra sala común, busqué con la mirada a Peter, que estaba sentado junto a Sally, y a Stebbins, que estaba leyendo un libro junto a la chimenea. Le pedí a Keith que fuera a buscar a Peter y lo trajera mientras yo me sentaba junto a Stebbins y aprovechábamos para besarnos durante unos segundos, antes de que Peter y Keith se sentasen en unas sillas delante de nosotros.
- Muy bien, ¿qué es lo que quieres? - le preguntó Keith con un mohín despectivo. - Estaba ocupado con otras cosas más interesantes.
- Sólo quería informaros de que pronto tendremos la primera reunión. - le contestó Stebbins secamente. - Si crees que ya no estás interesado, no hace falta que vengas. No creo que represente una gran pérdida.
Keith miró para otro lado, molesto, pero no dijo nada.
- Muy bien, - continuó Stebbins - se ha decidido comenzar a principios de octubre, el jueves de la primera semana, en el sitio habitual.
- ¿Y? - preguntó Peter - ¿Hay que llevar pluma, pergamino y escuadra y cartabón? ¿Pluma del dos y medio?
- No sea ridículo. - le dije - ¿No puedes dejar de bromear durante cinco minutos?
- No tenéis que llevar nada. - nos interrumpió - pero sí tenéis que tener en cuenta que si queréis echaros atrás, ha de ser antes de esa reunión. Probablemente, como todos los años, Wilkes os hará formar parte de un hechizo con el que no podréis decirle a nadie nada de lo que está pasado, más allá de que sea un simple club extraescolar para prepararnos para los Éxtasis del año que viene.
- ¿Ni siquiera puedo contárselo a Sally? - preguntó Peter.
- No. Ni a Kingcrow, ni a tu familia. Y desde luego, a nadie de otras casas. Esto lo digo por todos, que quede claro. Por eso os lo estoy contando ahora, para que tengáis tiempo para reflexionar y pensároslo bien.
Después de esa pequeña charla, Peter se volvió con Sally y Keith salió de la sala común diciendo que iba a tantear el terreno para encontrar a su primera víctima. Yo me quedé con Stebbins otro rato, disfrutando de una de las pocas ocasiones en las que podíamos estar juntos tranquilamente y hablar un rato sobre lo que se nos ocurriera.

20 de Septiembre, Martes
- Venga, ¿no encuentras ninguno más? - Le dije a Sally tras las clases de la tarde, revolviéndome en mi asiento junto a ella, en la biblioteca.
- Ya te he dicho que no - Respondió ella cansada, cerrando el libro ante ella y dejándolo en la pila de libros que tenía a su lado. Cogió otro del montón ante mí y comenzó a seguir el índice con el dedo a toda prisa, echando un vistazo a determinadas páginas ocasionalmente -. Además, ¿no lo intentamos ya cuando lo de los pergaminos?
- Ah, no lo intentamos con tanto empeño, creo yo - Dije, bostezando.
Llevábamos ya varios días tratando de encontrar algún hechizo que nos sirviera para ver el contenido oculto de los diarios de mi tío, sin ningún éxito. Tras la noche en que había comenzado a aparecer un mensaje misterioso entre la típica y aburrida rutina de mi tío, y tras esconder el diario en el armario con bastante desconfianza, le había contado lo sucedido a Sally y la había llevado hasta del dormitorio masculino para enseñarle las palabras que habían aparecido, pero para mi sorpresa ya no estaban allí, y en su lugar había aparecido un día normal y corriente de mi tío. Desde entonces había vuelto a observar el diario todas las noches, sin éxito alguno. Sólo el aburrido día a día de mi tío y su novia, Rosanna Kingcrow.
- Pero me crees, ¿no? - Dije por enésima vez, observando a Sally pasar páginas.
- ¿Por qué no te voy a creer? - Dijo ella, sin mirarme -. Con lo que ya hemos pasado... Esto no es nada nuevo.
- Bueno, parecía nuevo - Dije -. Es decir, creo que esta vez se dirigía a mí, pero... Las palabras iban apareciendo por algo, ¿sabes? Creo que... Creo que intentaba decirme algo concreto, algo de ahora.
- Sí, sí... - Musitó Sally, distraída, y cerró el libro de un golpe -. Esto es inútil, no vamos a encontrar más hechizos de revelación que podamos hacer. Además, tu tío no era tonto, no creo que lográsemos nada aunque encontrásemos alguno más para el que estuviéramos capacitados. Y de todos modos, si es tal como dices, ¿qué adelantaríamos? No podríamos saber qué será lo próximo que escriba... Si es que escribe algo más alguna vez.
- Pero podríamos saber qué hechizo se le aplicó, quizás, ¿no? - Dije, encogiéndome de hombros -. Quizá podríamos saber de qué se supone que me tiene que avisar.
Sally suspiró. Se levantó y me pidió que le ayudase a colocar los libros en las estanterías.
- Lo que no sé es por qué motivo querría tu tío que lo que sea que el diario tiene que decir desaparezca al día siguiente - Dijo Sally, mientras la seguía cargado de libros por los pasillos de la biblioteca.
- Quizá no quiera que nadie más que yo tenga otra oportunidad de verlo después - Respondí.
- Quizá no quiera ni que tú lo veas - Dijo ella, frunciendo el ceño -. ¿Seguro que no recuerdas que ponía?
- Ya te lo dije - Dudé, sin querer decirle que el mensaje la mencionaba a ella -. Algo de que alguien viene, o algo así, y no recuerdo más.
- ¿Pero a quién se puede referir? Mêlée ya te dijo que todo iba bien, ¿no?
- Sí - Contesté, mientras Sally me quitaba un libro de entre los brazos para colocarlo en su lugar. Ante las misteriosas palabras del diario, le había mandado una lechuza a mi elfo doméstico para asegurarme de que todo iba bien por la mansión, cosa que él había confirmado en una carta entregada por el cuervo Zoro, dando infinitas gracias al amo Peter por su interés.
Sally suspiró, y negó con la cabeza.
- No creo que podamos hacer más que seguir esperando, a ver si aparece algo más - Dijo -. Tendrás que seguir abriéndolo cada noche.
- Oh, venga - Respondí, nervioso -. ¿No puedes hacerlo tú? ¿O turnarnos, o algo?
- ¿Te da miedo el diario? - Dijo Sally, colocándose ante mí con los brazos en jarras.
- Claro que no - Mentí, con un tono de voz casi convincente.
- Así me gusta - Contestó ella, dándome unas palmaditas en el costado y cogiendo unos cuantos libros más -. Entonces seguirás comprobándolo cada noche - Dijo mientras hacía flotar uno a uno los libros en el aire para colocarlos en las estanterías más altas.
Tras salir de la biblioteca nos dirigimos a la Sala Común para estudiar un poco. Se me pasó por la cabeza iniciar uno de los enfrentamientos amistosos que había acordado con Sally. Llevábamos ya unos cuantos, siempre iniciados por sorpresa por parte de uno de los dos (generalmente ella), y la puntuación estaba bastante reñida. La ligera ventaja de Sally se debía únicamente a que ella parecía tener la ridícula idea de que, por ser ella una chica y yo un chico, no podría hacerme verdadero daño en lo que a golpes físicos se refería.
Por mi parte tenía unos cuantos moratones en piernas y brazos, así como un arañazo en el cuello, que discrepaban de esa opinión.
Decidí dejarlo para otro momento, suspirando. Al fin y al cabo no estaba seguro de que unos pasillos poblados de alumnos fueran el sitio más adecuado para iniciar algo así.
Cuando estábamos cerca de la entrada Keith salió tranquilamente de la Sala Común, así que le entregué el diario de mi tío a Sally y le indiqué que fuera entrando mientras me acercaba a él.
- Oye, Keith - Le dije -, espera.
- ¿Qué pasa? - Me respondió, mirándome mientras me ponía a su altura.
- Nada - Dije -, una tontería. Es que verás, estaba en la biblioteca, y de repente vi a esta chica de Ravenclaw, un año menor que nosotros, creo, aunque nos dobla en peso, me parece... No sé si caes, esta chica con esas gafas de cristal blindado, ya sabes, la que tiene un inicio de bigote como el del profesor Hagrid...
- No sé de quién me hablas - Dijo Keith, sonriendo.
- ¿Seguro? - Dije, sonriendo también -. Porque verás, es que me fijé en que tiene el cuello cubierto, pero cubierto de verrugas, y pensé... Tío, ¿es que está permitido que repitas varias veces con la misma chica en la apuesta esa que hiciste?
- ¡Serás capullo! - Rió Keith, haciendo ademán de ir a darme un golpe.
Reí junto con él. Keith había hecho una apuesta con Ally para la que habían necesitado de una poción realizada por Sach. Si lo había entendido bien, cada persona a la que cada uno de ellos besara, terminarían teniendo una verruga amarillenta durante unos días en su cuello.
- No, en serio - Dije al fin -, ¿pero cómo va la apuesta?
- ¿No se supone que no queríais saber nada de la apuesta? - Me respondió Keith, en tono jocoso.
- No, esa es Sacharissa - Negué -, yo sí quiero saberlo. Para poder criticarte, ya sabes.
- ¿No tendrás envidia de lo que se me avecina? - Me dijo Keith, guiñándome un ojo.
- ¿Envidia de...? - Repetí -. No lo entiendo, ¿qué tiene de bueno una apuesta así?
Keith se encogió de hombros.
- Tú también tienes juegos raros con Sally, ¿no? - Dijo, señalando mi arañazo del cuello. Me llevé la mano hasta él y lo cubrí subiéndome el cuello de la camisa, instintivamente.
- ¡Defensa contra las criaturas mágicas! - Le dije, apurado.
- ¿Qué? - Dijo Keith, riendo -. ¡Eso ni siquiera es una asignatura!
- ¡Cuidado! - Exclamé -. Quería decir "cuidado". De criaturas mágicas. Además, ¿qué más da? ¿Me vas a decir cómo va la apuesta o no?
- Voy a la biblioteca ahora - Dijo Keith, simplemente -, ya sabes, para ir localizando posibles "víctimas".
- Aquí sólo va a haber una víctima - Le dije, muy serio.
Keith me miró durante unos instantes, esperando que continuara.
- ¿Quién? - Dijo finalmente.
- ¡La decencia! - Dije en tono teatral, alzando una mano hacia el cielo.
Los dos reímos, y luego le observé alejarse unos instantes antes de entrar en la Sala Común. No quería decírselo claramente, pero sí me preocupaba que él pudiera terminar mal por culpa de esa apuesta. Al fin y al cabo mis juegos de pareja en el peor de los casos podían terminar conmigo en la enfermería, pero los suyos... Ni siquiera sabía cómo podrían terminar.
Entré en la Sala Común, mirando hacia los sofás, pero no localicé a Sally. Fruncí el ceño, extrañado, y llegué a la conclusión de que quizá estuviera esperándome en el dormitorio masculino, para hablar más en secreto del asunto de los diarios. Me dirigí a las escaleras y las subí precipitadamente, deteniéndome frente a la puerta para abrirla con cierto cuidado.
Di un par de pasos hacia el interior de la habitación vacía, fijándome en mi cama, en la que sólo estaba Esk, mi gata, que me miró con aire de desinterés y luego se tumbó, cerrando los ojos.
- Peter - Dijo una voz a mis espaldas, de repente.
Me giré de un salto, asustado. Sacharissa estaba tumbada en la cama de Stebbins, con un libro entre las manos. Tenía las cortinas medio cerradas, de modo que no me había fijado en ella al entrar.
- Qué susto me has dado - Dije, sintiendo mi corazón palpitar mientras volvía a su ritmo habitual.
Sach sonrió y se sentó en la cama, poniendo los pies en el suelo y dejando el libro a un lado.
- Estoy esperando a que vuelva Stebbins. ¿Lo has visto? Iba a la biblioteca a buscar unos libros.
- Vengo de la biblioteca, pero no le he visto - Dije, negando con la cabeza -. ¿Has visto tú a Sally?
Sacharissa negó con la cabeza.
- ¿Tendría que estar aquí? - Dijo.
- En teoría no - Dije, encogiéndome de hombros -. Pero no sé dónde está... Supongo que habrá ido un momento a vuestro dormitorio, la esperaré abajo.
- Muy bien - Dijo Sach mientras volvía a coger el libro a su lado.
Me giré para dirigirme a la puerta, pero al dar dos pasos me volví a detener, indeciso, girándome de nuevo hacia Sacharissa.
- Eh... - Dije -. ¿Sach?
- ¿Sí? - Dijo ella, levantando de nuevo su mirada del libro.
- Yo, eh... El otro día, cuando me dijiste lo de volver a ser amigos en el Gran Comedor, ¿por qué te fuiste corriendo?
Me pareció que ella se sonrojaba un poco.
- Bueno - Dijo -, para que pudieras pensártelo.
- Ah... - Dije, inseguro.
- Y... ¿Bien? - Dijo ella -. ¿Lo has pensado ya?
- No... - Dije, tratando de expresarme con cuidado -. No hay nada que pensar, supongo... Yo también quiero que las cosas vuelvan a estar bien, que volvamos a ser... Amigos.
Hable con inseguridad, como de costumbre, pero Sach sonrió, poniéndose en pie.
- Me alegra que pienses así - Dijo -. Quiero que las cosas sean como antes.
- Sí - Dije -. Yo también.
Sacharissa se acercó a mí y me dio un pequeño abrazo repentino, que me cogió por sorpresa. La rodeé con mis brazos y la apreté contra mí un par de segundos, sintiendo el aroma de su pelo, que llevó a mi cabeza algunos recuerdos confusos.
Finalmente ella se separó de mí, sonriendo. Echó un vistazo al cuello de mi camisa, y de repenté lanzó su mano hacia él.
- Tienes el cuello doblado hacia arriba - Dijo, riendo, mientras lo colocaba, rozando mi cuello con sus nudillos -. Ah... ¿Y este arañazo?
- Una lechuza loca - Dije, apartándome -. Una tontería.
- Ah... ¿Quieres que mire si Sally está en el dormitorio femenino? - Dijo ella, cambiando de tema.
- Eh... - Me lo pensé un instante, y finalmente negué con la cabeza -. No hace falta, seguramente aparezca enseguida en la Sala Común. Quedamos allí, así que...
Sach asintió y volvió a sentarse en la cama de Stebbins. Me despedí de ella con la barbilla y salí del dormitorio, sintiéndome un poco mareado.
Al llegar a la Sala Común, vi al fin a Sally sentada en el sofá de siempre. Caminé hasta ella y me senté a su lado.
- Al fin te encuentro - Dije -. ¿Dónde estabas?
Me fijé de repente en que parecía intranquila. La pierna le temblababa ligeramente, y tenía la vista clavada en el frente, tratando de poner su típica cara de frialdad, intentando ocultar lo que quisiera que le estuviera pasando. Me di cuenta de que sostenía el diario de mi tío en su regazo.
- Fui al dormitorio femenino un momento - Dijo, con un ligerísimo temblor en la voz.
- ¿Qué pasa, Sally? - Pregunté, comenzando a preocuparme.
- El diario - Dijo -. Le eché un vistazo y estaban apareciendo palabras. Nada de tu tío, sólo... Otras cosas. Me fui al dormitorio para poder mirarlo mejor, para que nadie me viera.
- ¿Qué? - Exclamé -. ¿Han aparecido cosas? ¿No aparecen solo por la noche? ¿Y qué ponía? ¿Ha desaparecido ya?
- No lo creo.
Sally me entregó el diario, mientras trataba sin éxito de contener el temblor de su pierna. Lo cogí apresuradamente y pasé las páginas con velocidad hasta llegar a la más reciente. Un conjunto de letras sin sentido alguno habían aparecido durante varias líneas, una tras otra. Y, al final del todo, solo unas pocas palabras.
"Sally Kingcrow tienda maldita Sally Kingcrow"
Observé a Sally, sin saber qué decir. Ella me devolvió la mirada, con una mezcla de lágrimas, temor y furia contenida en sus ojos.
- ¿Tú sabes qué puede significar esto? - Me dijo, con voz temblorosa.
Le cogí la mano y la apreté fuerte en la mía.
- No lo sé - Dije, asustado.

16 de Septiembre, Viernes
El problema radicaba en la posición del dedo meñique, no conseguía sostener la varita en el lugar adecuado para realizar el giro de 45º completamente. Habían pasado tres horas desde que había empezado a practicar y los resultados seguían siendo igual de desastrosos que la primera vez.
Cogí a Molly y le volví a atar alrededor del cuerpo el trozo de tela roja que ahora mordía con saña.
- Déjalo ya de una vez, ¿no ves que así no terminamos nunca? - la pequeña ardilla se quedo un segundo parado al oír mi voz. A continuación siguió en su empeño de romper la atadura que le impedía moverse cómodamente.
Dirigí la varita nuevamente a su jaula y tracé en el aire los movimientos ya sabía de memoria. Una chispa apareció y golpeó suavemente la puerta creando durante apenas unos segundos una bóveda azulada.
- ¡Por fin lo conseguí! - di un salto de satisfacción. Realizar correctamente el encantamiento para impedir el paso de cualquier ser vivo a una determinada zona me había costado mucho más trabajo de lo que en un principio tenía en mente.
- Vamos Molly, ahora es la buena - cogí con cuidado la ardilla y la posé delante de la puerta de su jaula. Molly se giró y camino en dirección contraria. - Venga, no te hagas de rogar, sabes que tarde o temprano vas a tener que entrar - volví a colocarla en la posición adecuada para que solamente dando unos pasos adelante entrara en su jaula o si todo salía como esperaba no podría entrar.
Molly se sentó sin muchas ganas de colaborar, supe que tendría que engañar a ese pequeño demonio para lograr mi propósito. Abrí mi baúl y revolví entre una gran cantidad de túnicas enmarañadas cuyo olor me indicó que esa misma tarde tenía que llevarlas a lavar.
Finalmente conseguí sacar del fondo un paquete de ramas comestibles, mi tía me guardaba siempre una bolsa en el baúl a pesar de que nunca las comía.
- Tienen muchas vitaminas y las necesitas. - recordaba que decía ella cada mañana mientras se acercaba a mí con un trozo de rama de abedul.
Todas y cada una de las diferentes ramas que se podían encontrar en el interior del paquete para mi gusto tenían el mismo sabor amargo, el cual me producía unos incontrolables retorcijones a las pocas horas de haberlo comido, sin embargo las pequeñas ramas de albaricoque volvían loca a Molly hasta el punto de que el paquete estaba lleno de agujeros del tamaño de sus diminutos dientes.
El color verduzco de la rama hizo que la detectara a simple vista entre las de roble y pino. Corte un pequeño trozo y al sacarlo de la bolsa comprobé como Molly se erguía sobre sus patas traseras y olisqueaba en busca del manjar.
Introduje el trozo de rama de albaricoque en el interior de la jaula y esperé.
Molly se fue acercando lentamente hacia la puerta de la jaula, cuando llegó justamente al borde se sentó y ojeaba de un lado al otro, miraba hacia mí, hacia el trozo de comida, otra vez hacia mí, pero no se movía.
- Venga Molly, entra dentro - insistí dándole ánimos.
La ardilla se giró completamente en dirección a la puerta de la habitación por la que en ese instante aparecía Peter. Nos saludamos con un ligero movimiento de cabeza y se acercó.
- ¿Qué haces? - preguntó mirando con extrañeza a Molly y su atuendo.
Puse el dedo en los labios indicando que guardase silencio, parecía que Molly estaba decidida a entrar, había vuelto a centrar su mirada en el interior de la jaula donde le esperaba el premio y avanzaba hacia él. Al pasar el umbral de la puerta un ligero destello azulado iluminó la jaula y Molly emitió un leve chillido. Cuando la luz se desvaneció no pude distinguir bien donde se encontraba Molly hasta que por fin se movió. Tenía cada pelo de su cuerpo tieso como un clavo de tal forma que se podía hacer pasar por un puercoespín más que por una ardilla. Se acercó temblando al trozo de albaricoque y se aferró a él como merecida recompensa.
- Un día le va a pasar algo grave - dijo Peter observando atentamente a la ardilla.
- No te preocupes ya está acostumbrada - sonreí - ¿Verdad que si? - le dije a Molly acercándole la palma de mi mano para que subiese a ella. Molly huyó al fondo de la jaula escondiéndose tras un montón de algodones. - En seguida se le pasa.
- ¿Pero para que sirve ese hechizo? ¿Estás intentando crear una nueva tendencia en la moda?. - Imaginé a Peter con los pelos erizados mientras seguía hablando.
- Umm... puede funcionar - reí.
Le expliqué a Peter que lo que en realidad intentaba conseguir era realizar un hechizo de protección en la jaula de Molly e impedir que cualquier ser vivo que llevase algo rojo puesto pudiese entrar. Era una pequeña modificación del hechizo básico que no enseñaban este año pero en todo el tiempo que había estado probándolo no había conseguido ningún buen resultado.
- ¿Tienes pensado algún uso para él o sólo estas investigando? - preguntó Peter intrigado.
Sabía que Peter me conocía lo suficiente como para pensar que todas estas prácticas tendrían una explicación, ya que normalmente prefería estar sin hacer nada a hacer pruebas sin sentido.
- La verdad... - dudé si contarle realmente mis intenciones o una mentira creíble. - En realidad esté hechizo es sólo una investigación para ver si podría hacer otro que si tendría fines mas útiles.
- ¿Otro? ¿Qué otro? - Peter arqueó las cejas interesado.
- Verás... tenía pensado... - quizás no era buena idea decirle a Peter la verdad, pero tarde o temprano lo acabaría descubriendo así que me decidí a hacerlo - un hechizo similar pero que hiciese la distinción entra los magos que somos sangre limpia y lo que no.
Peter se quedó callado seguramente escogiendo las palabras que decir o simplemente sin encontrar ninguna. Aprovechando que a Peter le había pillado por sorpresa intenté explicarme.
- Verás llevo varios días pensando lo de Ally, en si su padre era o no Muggle, dándole muchas vueltas y llegué a la conclusión de que con un hechizo así saldría de dudas.
- Pero, ¿Te crees lo que van diciendo de ella? - Peter aun estaba absorto en su asombro. - No te puedes creer lo que te cuente el primero de turno.
- Lo sé, no es que le crea. Simplemente que ni siquiera ella lo sabe, así ya podría dejar de dudar. - me excusé.
- Pero eso tendría que decidirlo ella, ¿le preguntaste que le parece? - por mi cara Peter supo que no. - Además que pasa si descubres que en realidad su padre era muggle, ¿cambiaría algo?
El silencio nos invadió, la mirada de Peter parecía esperar una respuesta que no quería escuchar, mi corazón no dudaba, mi mente sí. Analicé detenidamente cada uno de los sentimientos que me embargaban al pensar en Ally, en el muggle que había asesinado a mi padre y en ambos sentimientos juntos. Un espasmo en mi espalda dejó escapar toda la tensión que había acumulada en ese momento. Miré a Peter convencido de que estaba en lo cierto y que lo que le iba a decir era tan real como nosotros dos teniendo esa conversación en la habitación.
- Ally es una maga y sus padres son magos - dije convencido.
- Pero... - la réplica de Peter no llego a escucharse.
- Lo son - afirmé adelantándome a su pregunta. - Se que lo son.
Durante un buen rato permanecimos callados, dándole vueltas una y otra vez a la conversación, repitiéndonos constantemente la misma pregunta. En ese tiempo aproveché para ordenar de nuevo el baúl y colocar decentemente la jaula de Molly. Peter por su parte hacía que miraba los apuntes tomados esa misma mañana pero en seguida fijaba su vista sin darse cuenta en las cortinas y permanecía inmóvil, pensativo.
Los golpes en la puerta sacaron a Peter de su bola de cristal y a mi hicieron que me sobresaltase un instante.
- Adelante - le indicó Peter al visitante.
Sacharissa abrió la puerta y su perfume inundó la habitación, nunca estaba mal que de vez en cuando entrase un olor agradable para deshacerse de los generados por cuatro adolescentes.
- ¿Venís a la biblioteca? - preguntó Sacharissa.
- ¿Acabamos de empezar a clase y ya quieres ponerte a estudiar? - respondí.
Me percaté de que Peter estaba repasando los apuntes.
- La verdad es que sois tal para cual - dije en voz baja aunque sin evitar que ambos se percatasen de mi comentario.
Sacharissa hizo como que no había escuchado nada.
- ¿Y tu vienes? - le dijo a Peter - Está Ally esperándonos en la entrada. - al terminar la frase me lanzó una pícara sonrisa.
- Sí - contestó Peter recogiendo los pergaminos que tenía sobre la cama. - Venga Keith, ven con nosotros que no pasa nada por repasar un poco. - Peter insistió sabiendo que Sach no iba a volver a decir nada y que la última frase había cambiado mi manera de ver la biblioteca en ese momento.
- Está bien, no voy a dejarte solo con estas dos "brujas" - sonreí a Sach la cual me devolvió la sonrisa.
En la entrada de la biblioteca estaba Ally tal como había dicho Sacharissa, llevaba un pluma y apenas tres pergaminos en la mano. Nos saludó en cuanto nos vio aparecer y nos comentó que Yashira no podía venir porque estaban organizándole una fiesta sorpresa a una compañera de cuarto la cual celebraba su cumpleaños al día siguiente. Como no podía ser de otra manera en la biblioteca no había más que una decena de alumnos cada uno sentado en un lugar diferente como si no se quisiesen ver entre ellos. Al igual que el resto buscamos una mesa vacía donde poder estar tranquilos y hablar sin molestar a los demás, encontramos una entre los estantes de "Criaturas del Mundo Mágico" y "Ungüentos del pasado". Nos sentamos y sacamos cada uno los pergaminos de las clases del día. Observé a Ally sentada a mi lado y me fije en que los pergaminos que tenía apenas estaban escritos.
- Así también estudio yo - le susurré señalando sus hojas.
- Yo sólo traigo lo importante - levantó el pergamino enseñándomelo. Pude ver claramente que lo que tenía escrito eran las normas de nuestra apuesta.
- ¿Pero qué haces con eso? - intenté quitarle la hoja, pero ella fue más rápida y la puso tras de sí.
Peter y Sacharissa nos miraban disimuladamente fingiendo estar concentrados en la lectura. Ally me miraba sonriente y me enseñaba poco a poco el pergamino como quien le enseña un caramelo a un niño para luego tirarlo.
- Serás... - dije mordiéndome la lengua y conteniendo las ganas de seguirle el juego por estar en la biblioteca.
- Sólo lo traje para enseñárselo a Sacharissa, bueno y a Peter. - dijo alzando un poco la voz para que la oyesen.
- ¿Enseñarnos qué? - Sacharissa se acercó interesada al pergamino y Ally se lo entregó.
Yo me tapé los ojos para evitar ver las caras que estaría poniendo Sacharissa mientras leía una a una las normas de la apuesta, pero a pesar de ello me las imaginaba claramente. Su gesto empezaría siendo de incomprensión sin saber muy bien que estaba leyendo, pasaría a asimilar que todo eso iba referido a Ally y a mí y acabaría sin poder comprender el motivo por el que queríamos hacer algo así.
- Pero... ¿Esto es lo que pienso?, claro que es lo que pienso lo pone claramente - Sacharissa hablaba con nosotros y consigo misma a la vez. - ¿Y vosotros estáis dispuestos a...?, sino lo estuvieses no habrías escrito tantas estupideces. Entonces ¿para qué me lo contáis? eso es que algo queréis.
Sacharissa le pasó el pergamino a Peter el cual se puso a leerlo poniendo caras muy similares a las que le había imaginado a Sacharissa.
- Pues te queríamos pedir un favor - comenzó Ally - Necesitábamos idear algo para que las personas con las que estemos cada uno queden marcadas de alguna manera para que no haya trampas. - dijo de carrerilla para evitar el "no" adelantado de Sacharissa.
- ¿Queréis que participe en vuestros juegos?, por llamarlo de alguna manera. - dijo Sacharissa ofendida.
- No es que participes - intervine bajando la voz - sólo que nos digas una poción que conozcas que pueda servirnos, ya la hacemos nosotros por nuestra cuenta. - intenté convencerla.
Sacharissa nos miró sin decir palabra, pasaba la mirada del uno al otro intentando escudriñar nuestros pensamientos.
- Hay una - dijo Peter - que usaban en mi casa de cuando era pequeño para saber si comía algo de la nevera que no pudiese. Si lo comía me salía un lunar amarillento en el cuello durante dos días. "Rubterms Pocimus" creo que se llama.
Sacharissa miró fijamente a Peter y esté se quedó sin palabras al instante.
- Esa poción no es nada sencilla de preparar y si la hacéis mal tendríamos por el colegio un montón de granos con piernas. - contestó Sach protestando.
- Por favor Sach háznosla - la cara de Ally decía que no había roto un plato en su vida.
- Por favor Sach... - la seguí intentando poner mi mejor cara.
Sacharissa nos miró pareciendo que iba a ceder, Ally y yo juntamos nuestras caras para darle un poco mas de pena.
- Está bien - acabó diciendo. - Yo os la preparó pero nada más, no quiero saber nada de vuestra apuesta.
- Gracias - contestamos al unísono. - Quizás dentro de poco tengas una pequeña verruga en el cuello - le dije bromeando. Sach se giró y al verla supe que se estaba arrepintiendo de hacer la poción antes de haber empezado. - Es broma, es broma, la calmé.
Cuando nos separamos, espere un poco a que Sach y Peter se despidieran de Ally y se alejasen unos metros para hablar con ella.
- Bueno pues empieza la apuesta - le dije.
- En cuanto Sach nos de la poción - sonrió - vas a saber lo que es que te den una paliza.
- En tus sueños - nos dimos la mano disimuladamente. Y acercamos nuestros labios en un beso relámpago que paso oculto a la vista del mundo.
- Bueno pero mañana tendremos que sellar la apuesta ¿no? - dijo Ally mientras se alejaba.
- Claro donde siempre - respondí observando cómo se marchaba y sintiendo que algo de mí la iba acompañando.
Me giré y me fui detrás de Sach y Peter, deseando que el mañana fuese hoy.

14 de Septiembre, Miércoles
- Y ahora, lentamente, añadimos raíz de asfádelo.
- Ajá.
- Y, antes de que el líquido se vuelva verde, revolvemos cuatro veces en el sentido de las agujas del reloj. ¿Lo habéis apuntado todo?
- Si, señorita Plunkett - me contestaron dos niños al unísono.
- No me llaméis señorita, me hace sentir mayor. - les dije
- Pero, es que es usted mayor. - dijo uno, el que se llamaba Eric.
- Si, muy mayor, tiene por lo menos... - le vi echar cuentas con los dedos - quince años o así.- contestó el otro, llamado Noah.
Prácticamente dieciseis, pensé mientras recordaba la fiesta que había tenido el año pasado por mi cumpleaños. Sólo éramos cuatro por aquel entonces, pero había sido una buena reunión.
- Bueno, se acabó. Ha terminado mi hora de castigo, así que hasta mañana no os haré trabajar más. Quiero que estudiéis mucho, el profesor Snape medirá mi rendimiento por el vuestro, así que no me dejéis mal. Acordaos de repasar las bases, sobre todo. Con unas buenas bases conseguiréis recordar fácilmente las composiciones y...
- Si, señorita Plunkett - dijeron, mientras salían corriendo por la puerta de la mazmorra donde los de primero daban las clases de pociones.
Mientras recogía mis pertenencias y ponía en orden todas las cosas que habían estado utilizando los niños, vi a Stebbins asomarse desde el pasillo para ver si estaba sola. Cuando lo constató, entró y se sentó en una de las mesas cerca de mí.
- ¿Ya has terminado? - me preguntó - ¿o sólo les has mandado al recreo?
- No, ya está. Por hoy. Y pensar que tendré que darles clase hasta la semana que viene... No es que sean desagradables, pero no me hace ninguna gracia que me traten como si fuera una persona mayor.
- Es normal, tienen once años. ¿O es que no te acuerdas de lo mayores que te parecían a tí los de sexto y séptimo cuando llegaste aquí por primera vez?
- Claro, pero era distinto. Yo no le podría haber dirigido la palabra a un alumno mayor con ese... desparpajo. Ahora no tienen ninguna educación.
- Te llaman señorita. Eso suena bastante educado.
- Pero... bueno, no son educados porque... Hablan. Es suficiente. Me hablan. Y ya he terminado de recogerlo todo, con lo cual ha terminado mi otra parte del castigo. ¿Nos vamos?
Había terminado en aquella situación tras intentar hacer, en clase de Pociones y a espaldas del profesor Snape, una poción para que la persona que la tomara hablase al revés durante unas horas. Sólo quería tenerla para, llegado el momento, gastarle alguna broma a alguien. Probablemente Sally, aunque nunca lo hubiera admitido en voz alta. Pero había sido muy difícil compaginar las dos a la vez y ambas terminaron siendo un desastre, sobre todo la que habría sido la oficial. El profesor Snape me había dicho que si tanto me gustaba hacer pociones extra, podría entretenerme en darles clases de refuerzo a un par de chicos que tenía en primero, dos casos casi perdidos, que no tenían mano con los líquidos ni para hacerse un simple té. "Y espero resultados positivos", me había advertido al final, "o si no el castigo se alargará hasta que consiga que aprueben". Así que ahí estaba yo, dándole clases a unos niños ineptos que podrían hacer explotar el castillo con un poco de agua, polvos de burladora y una pizca de jugo de trente. Y que me llamaban señorita.
Con Stebbins de la mano, nos dirigimos hacia uno de los grandes ventanales del primer piso. El día no era muy agradable para estar fuera, ya que llovía y hacía mucho viento. Suspiré al acomodarme en el hueco de la ventana. Esperaba que aún hubiera algunos días de buen tiempo antes de que comenzase el frío, pero con el tiempo inglés uno nunca podía estar seguro. Mientras mirábamos hacia el bosque prohibido, recordé lo que había hablado con Peter el día anterior.
- Anthony, ¿qué sabes de Wilkes?
- ¿Wilkes? ¿Cuál de ellos? - dijo sin mirarme.
- El pequeño, creo. El que está ahora en séptimo, el hermano del que presidía nuestras... ya sabes, las reuniones del club extraescolar.
- Entonces te refieres al mediano. Tiene una hermana pequeña, pero no está en Hogwarts. Tiene sólo cinco años. - hizo una pausa. - Su padre se volvió a casar unos años después de que muriera su madre.
- Oh, vaya. No lo sabía.
- Es normal, no es algo que se comente de buenas a primeras. - Stebbins giró la cabeza hacia mí. - ¿por qué lo preguntas? ¿ya has hablado con él?
- Si. Bueno, no mucho, sólo nos hemos encontrado el día que vinimos, en el andén. Se presentó y ya sabía quién era yo. Fue un poco raro. Además, también ha hablado con Peter y Keith, aunque con Keith ha sido algo desagradable y con Peter bastante amable.
- ¿Ha sido desagradable con Parker? - frució el ceño. - Eso es raro, sobre todo teniendo en cuenta las circunstancias. ¿No habrá exagerado las cosas?
- Bueno, no creo. Es decir, puede que, quizá, me lo haya contado un poco agitado, pero básicamente dijo que Wilkes le había dicho que Ally no era "buena compañía".
- Vaya, así que no fue desagradable con Parker, si no con Jhonson.
- Bueno, no sé. A mí no me gustaría que si estoy contigo alguien me diga que "no eres buena compañía". Quiero decir, que indirectamente me está insultando al dejar caer que no tengo buen ojo al escoger a la gente con la que comparto mis cosas.
- Probablemente sólo estaba intentando advertirle de que esa chica le va a traer problemas. Por ejemplo, dices que están juntos, pero el domingo vi a Jhonson tonteando con un chico en el patio.
- No puede ser - le contesté sorprendida. - Ella no es de esa clase de chicas. No me la imagino haciéndole daño a ningún chico y menos a Keith. Esto tiene que tener una explicación, y seguro que en cuanto hable con ella me lo aclarará.
- Seguro que sí, pero es sólo un ejemplo. De todas maneras, me has preguntado que qué se de Wilkes, y lo único que te puedo contestar es que va a ser una persona importante. Será el director de nuestro club extraescolar este año.
- Pero... pensé que tú presidirías las reuniones. - le miré confundida.
- Si, lo haré, pero él será el jefe. Míralo como el superior de mayor rango, si lo prefieres. Por eso está intentando conoceros un poco uno a uno por separado, antes de que sepais quién es. ¿No crees que sea una buena táctica?
- No lo sé. Quizás.
Nos callamos durante un buen rato, aún mirando por la ventana hasta que oscureció y no conseguíamos distinguir la silueta de los árboles del bosque, momento en el que nos levantamos y nos fuimos a cenar. Al entrar en el gran comedor, nos dirigimos hacia nuestros sitios y comenzamos a dar cuenta de todo lo que estaba a nuestro alcance, hambrientos. Cuando ya estábamos con el postre y aprovechando que Sally ya se había ido con la excusa de que tenía que terminar de preparar los deberes del día siguiente, y Stebbins había recordado que tenía que ir a dejar un libro a la biblioteca, me giré hacia Peter y tomé aire antes de hablar con él.
- Tengo noticias sobre... ya sabes. Lo que comentamos ayer - le dije.
Peter se giró hacia mí y se acercó, con la cuchara en la boca, cubriendo el hueco que habían dejado tanto Sally como Stebbins.
- Im e - dijo, con la boca llena.
- ¿Qué? No te entiendo.
- E me iga s - tragó - Que me digas. Que novedades tienes.
- Bueno, no hay por lo que preocuparse. Es simplemente que quiere conocernos porque será el superior al mando. Del club. Ya sabes. - Sentía que debería guiñarle un ojo.
- Oh. Pues a Keith no le va a hacer ninguna gracia cuando se entere.
- No.
Seguimos comiendo en silencio unos segundos, hasta que me volví hacia él otra vez.
- ¿Sabes? Creo que deberíamos ser amigos otra vez. - le dije - Yo quiero que seamos amigos, y que hablemos y que, bueno, ya sabes. Que las cosas vuelvan a ser como antes. Como antes de... De lo que fuera que pasase. Piénsatelo, ¿vale? Si crees que podemos ser amigos, dímelo.
Y antes de que pudiera contestarme nada, me levanté y salí rápidamente del Gran Comedor hacia mi habitación. Tenía miedo de que dijera que las cosas no podrían volver a ser como antes, así que prefería calmarme y hacerme a la idea de todas las posibles respuestas antes de que se decidiera. Pero esperaba, de corazón, que dijera que sí.

10 de Septiembre, Sábado
Sally y yo paseábamos de la mano por uno de los numerosos patios de Hogwarts. Tan sólo unos pocos alumnos más habían escogido ese mismo lugar del castillo para pasar la mañana, y el mayor sonido que podíamos escuchar era el del suave viento soplando entre los arcos de piedra.
- Sentémonos aquí - Dijo Sally soltando mi mano, para sentarse con cuidado de no mancharse la falda bajo un sauce que había al lado del camino empedrado. La seguí y me dejé caer a su lado, acomodándome entre las raíces del árbol.
Sally dejó su bolso entre los dos, y sacó varios pergaminos de él, así como un libro no demasiado grueso.
- "La Biblia de la Herbología, Tomo Catorce: Raíces Rugosas con Propiedades Paralizantes - Leí -. ¿La biblia? ¿En serio? ¿Cuántos tomos son?
- Cuarenta... Y algo - Dijo Sally, abriendo una página marcada con un trozo de pergamino -. Tengo que investigar sobre algunas raíces, y creo que vienen en este libro.
- Raíces paralizantes - Dije, sacando mis pergaminos sin ganas de mi propia bolsa, que dejé a mi otro lado -. ¿Es que te has cansado de usar el Petrificus Totalus?
- Oh, nunca me cansaría de usarlo - Dijo Sally muy seria, sin levantar la vista del libro.
No tenía demasiados deberes por mi parte, así que decidí estudiar pociones, con la idea básica de que, ahora que había alcanzado un buen nivel, lo importante sería mantenerlo. Pero a los pocos minutos me encontré más concentrado de nuevo en el viento que en las listas de ingredientes sobre el papel.
- Sally - Dije.
- ¿Sí?
- ¿Qué diferencia hay entre Herbología y Pociones?
Sally resopló.
- ¿Qué clase de pregunta es esa? - Dijo, frunciendo el ceño.
- En tu tienda vendéis pociones, ¿no? Y es una herboristería.
- Vendemos pociones - Dijo Sally, y comenzó a contar con los dedos mientras hablaba -, Y también pastillas de hierbas machacadas, y cremas creadas a mano a base de hongos, y vendajes especiales vegetales para heridas y articulaciones doloridas, y... No sólo pociones, ¿vale? Por eso estudio las dos asignaturas, ¿no es lógico?
- Vale, vale... - Dije, y volví a mis apuntes por un momento -. Por cierto, hablando de la tienda, ¿te ha escrito tu madre? ¿Cómo van las mejoras?
- Oh - Sally me miró y se sonrojó ligeramente -. Van... Bien. La reconstrucción del exterior de la fachada supone un gran cambio, por lo visto, hace que destaque mucho más... Y el escaparate, con las nuevas estanterías y los niveles para los expositores... Ya sabes, aunque tenga el mismo tamaño, parece más grande... Parece que será un cambio para bien.
- Oh. Me alegro.
- Ehm... Gracias por el dinero, y... Eso.
- De nada - Dije -. Si necesitáis más, yo...
- ¡No! - Me cortó Sally -. No seas tonto, es más que suficiente para mejorar la tienda. Todo irá bien, con mi madre encargándose otra vez, y demás.
- Bien - Dije, y volví a mis apuntes.
Durante algunos minutos me dediqué a memorizar los ingredientes de las primeras pociones que habíamos estado viendo durante los días anteriores, pero pronto me encontré mirando a las hojas de los árboles cercanos, que se mecían suavemente con el viento, siseando. Suspiré sonoramente. Sally levantó su mirada de su libro.
- ¿Te pasa algo? - Preguntó.
- Me aburro. Mucho - Dije -. ¿No te están resultando aburridos los últimos días?
Sally se encogió de hombros.
- ¿No me has dicho más de una vez que te gusta el aburrimiento? Creo recordar que, mientras estábamos con todo el asunto de los pergaminos, llegaste a decir que añorabas los días de clase en que te aburrías como un muermo.
- Pero hay extremos - Resoplé -. No quiero volver a pasar por nada parecido a lo de los pergaminos. No quiero vivir ninguna otra estúpida "aventura" - Marqué unas comillas con los dedos -, pero ¿no hay un término medio? Desde que hemos vuelto a clase, y tampoco hace tanto, me ha parecido que han pasado años... Y no ha pasado nada. ¡Todos los días son iguales! Estoy... Aburrido.
- ¿Y qué quieres que pase? Estamos como todo los años.
- Pues será que lo he acumulado con el aburrimiento de los años anteriores - Dije, observando a una bandada de pájaros volar en forma de uve a lo lejos, distraído.
- ¿No te diviertes con las clases? - Dijo Sally. Resoplé -. ¿Con Defensa Contra las Artes Oscuras, por ejemplo?
Me encogí de hombros.
- ¿Cuidado de Criaturas Mágicas? - Añadió.
- A veces creo que son siempre las mismas criaturas - Dije -, y que las pintan de distintos colores.
- ¿Y qué me dices del Torneo que va a tener lugar?
- Seguro que es un rollo - Dije -. Si por lo menos pudiera participar Keith... Pero ni eso. Además han quitado el Quidditch por culpa del torneo dichoso.
- Como si te interesase mucho el Quidditch... - Dijo Sally.
- Sí, también es un rollo - Dije, encogiéndome de hombros, y frunciendo el ceño -. Como todo aquí.
- ¿Yo también? - Dijo Sally.
Giré la cabeza y me encontré con su mirada, imperturbablemente seria. No era una salida frecuente de Sally, la salida sentimental o dolida, pero sí era cierto que a veces mostraba sus sentimientos. Generalmente lo justo para que a mí no se me olvidara que los tenía.
- ¿Qué? - Dije, mientras buscaba una respuesta.
- Que si yo también soy un rollo - Repitió ella, cerrando su libro sin dejar de mirarme.
- No, Sally, tú no - Dije, suspirando.
- Pero te pasas casi todo el día conmigo - Dijo ella -. Y aún así dices que te aburres todos los días. ¿Cómo es eso entonces?
Pensé en mi rutina con Sally, buscando la respuesta apropiada. ¿Qué hacíamos juntos? Pasear por el castillo casi en el más absoluto silencio, estudiar, y poco más. Pero no era culpa suya que no pudiéramos hacer más. ¿De qué íbamos a hablar, si en el castillo no pasaba nada? ¿Y qué más íbamos a hacer, si no podíamos hacer nada más? Al menos estaba bien con ella, me sentía apreciado, me daba a su vez algo que apreciar, y me regalaba su compañía y su afecto. Por no hablar de sus visitas a mi dormitorio.
- No es culpa tuya, Sally - Dije, suspirando -. Sólo me aburro, pero... No es culpa tuya, ¿qué vamos a hacer? Me gusta estar contigo de todas...
- ¿Sabes? - me interrumpió, guardando su libro en la bolsa -. Peleémonos.
- ¿Perdón? - Dije, sin comprender.
- ¿Te aburres? Pues tómatelo como un juego - Siguió ella, mirándome sin sonreír -. Yo también creo que será interesante.
- No lo entiendo. ¿Me estás retando a un duelo?
- ¿Un duelo? - Dijo ella, dudando -. No, un duelo no, en un duelo sólo se pueden usar las varitas. Peleémonos con todo lo que tenemos.
- ¿Con todo...?
- Puñetazos, patadas, todo.
La observé unos segundos.
- Es una broma, ¿no? - Dije, sin creerla -. Te veo con más color que de costumbre. ¿Tienes fiebre? Creo que puedes tener fiebre.
- Reglas - Dijo ella, sin hacerme caso -. Sólo cuando estemos a solas. Cualquiera de los dos cazará al otro sin previo aviso, y perderá el que antes quede inmovilizado. Por lo demás vale todo.
- ¿Que vale todo? - Pregunté, aún sin creer que hablase en serio -. Sally, te das cuenta de que somos pareja, ¿no? ¿Cómo vamos a...?
- Es para darte algo en qué pensar - Dijo ella, mirando a nuestro alrededor -. Algo con lo que divertirte.
- Pero yo no pensaba en eso. Yo... Sally... ¿Me escuchas? ¿Estás bien?
Sally tenía su mirada clavada en la única puerta de entrada al castillo del jardín, por la que vi cómo desaparecían los últimos alumnos que quedaban en el patio. El viento soplaba más fuerte, y de repente el día no era tan apacible.
- Parece que nos quedamos solos... - Dije, distraído -. Espera... ¿No se te ocurrirá...?
De repente Sally tomó impulso con las manos y saltó sobre mí, haciéndome retroceder. Me golpeé la cabeza con el tronco del sauce mientras me apartaba, sintiendo un dolor repentino.
- ¡Au! - Grité.
- Vamos, no es nada - Dijo Sally, sobre mí, mientras clavaba sus rodillas sobre mis muslos, forzándome a mantener las piernas rígidas, y trataba de sujetarme con sus manos haciendo presión sobre mis antebrazos.
Por suerte yo seguía siendo más fuerte que ella, y liberé mi brazo derecho de un tirón. Rápidamente llevé mi mano al bolsillo de mi túnica y agarré mi varita con fuerza, sacándola y apuntando al pecho de Sally, que dio un pequeño respingo al sentir la presión.
- Muy bien - Dijo, y de repente sonrió -. Has ido rápido a por la varita. ¿Y ahora qué harás con ella?
Sin mediar palabra, pegué un tirón con mi brazo izquierdo y lo liberé también, tras lo cual cogí a Sally por los hombros, y la giré, dejándola de espaldas contra el suelo, con la suavidad justa para asegurarme de que no la estaba dejando caer, y me puse en pie rápidamente, sacudiéndome la tierra de mi túnica, aún con la varita entre mis dedos.
- ¿Sally, estás loca? - Dije, asegurándome de que mis pantalones no estaban demasiado sucios -. ¿Y si te llego a hacer...?
La miré un instante y me quedé callado. Se había quitado su túnica a toda velocidad y, totalmente erguida y con lo creía recordar que se trataba de una posición ofensiva de duelo, me apuntaba con su varita. Una media sonrisa maliciosa aún torcía sus pequeños labios. Al instante alcé mi varita, frunciendo el ceño, y me aseguré de apuntar hacia ella.
- Sally, deja de hacer tonterías - Dije, al cabo de unos segundos.
- ¿Tonterías? - Te estoy dando ventaja, tonto... - Cambió a una posición defensiva -. Lánzame algo, a ver si puedo desviarlo.
- No quiero hacerte daño - Respondí.
- Como si pudieras - Dijo ella, cortante.
- Venga, Sally, no quiero jugar a esto - Suspiré -. Siento haber dicho que me aburría. ¿Es eso? ¿No puedo siquiera decir que estoy aburrido?
- Ahora no estamos aburridos - Dijo ella -. Un hechizo. Lánzame uno.
Suspiré de nuevo. No quería hacerle daño, ¿qué podía lanzarle?
- Avis - Dije, desganado. Tres pequeños cuervos brotaron de la punta de mi varita y volaron erráticamente hasta llegar a la cara de Sally, que los espantó de un manotazo, provocando que comenzaran a graznar en el aire durante unos segundos, hasta que al fin se dieron cuenta de que en realidad no existían, y desaparecieron.
- ¿Avis? - Dijo Sally, con tono de decepción -. ¿En serio?
- Hey, con ese hechizo gané mi último duelo...
- Sé de qué duelo hablas - Dijo Sally -, y no lo ganaste. No lo creo. Como mucho fue un empate técnico.
- Sólo quería lanzarte algo inofensivo - Dije, encogiéndome de hombros -. ¿Lo dejamos ya?
- Claro - Respondió ella -, tan pronto como yo te lance también uno inofensivo... ¡Aguamenti!
Un chorro de agua salió a toda velocidad de la varita de Sally, golpeándome tan fuerte como un manguerazo, y calándome hasta los huesos en sólo unos segundos. Cerré los ojos para soportarlo, y al volverlos a abrir me encontré con que Sally venía de nuevo hacia mí a toda velocidad.
- ¡Venga, déjalo ya! - Grité, mientras le agarraba los brazos para que no pudiera hacer nada. Ella no dejaba de intentar zafarse, dando tirones, así que traté de acercarla contra mi cuerpo, y creí que se estaba calmando cuando de repente noté el rodillazo en mi estómago.
Alcancé a ver la sorpresa en la cara de Sally mientras me dejaba caer al suelo, tratando de recuperar el aire mientras me hacía un ovillo sobre mí mismo y me sujetaba el estómago con las manos.
- ¡Mierda! - Oí exclamar a Sally -. No... ¡No pensé que te fuera a hacer daño! ¡No quería hacerlo en serio! Pensé... ¡Que te apartarías, o algo!
Me quedé callado y quieto en el suelo, resoplando.
- Estás... ¿Estás bien? - Continuó ella, acercándose -. Lo... Lo siento.
Seguí sin moverme. ¿En qué pensaba esta chica?
- ¿Peter? - Siguió ella, agachándose a mi altura. De repente su cara apareció junto a la mía -. Pet...
Salté sobre ella y rodamos por la hierba. Al cabo de un par de segundos yo estaba sobre ella, que parecía tan sorprendida que no pude evitar echarme a reír.
- ¡Vaya truco más sucio! - Dijo ella, sin hacer ningún esfuerzo por moverse.
- Tendrías que ver la cara que pusiste justo en el momento en que salté hacia ti - Dije, riéndome.
- Oh, bueno, he ganado de todas formas - Dijo ella, segura de sí misma.
- ¿Cómo es eso? - Dije, divertido.
- Gana el que inmoviliza, ¿no? - Dijo Sally -. Lo dije antes.
- Pues eso mismo - Dije, haciendo presión con mis brazos sobre los suyos -. Aquí te tengo.
- Sí, y ahí te tenía yo antes. Te tumbé con mi rodillazo, ¿o no?
- Dejémoslo en un empate técnico.
- De eso nada - protestó Sally -. Yo...
Pero no la escuchaba. Observé el color en sus mejillas, su pelo revuelto sobre su cara y sobre la hierba, y su al fin y al cabo delicado suerpo bajo el mío, y no pude evitar acercar mis labios a los suyos, aflojando mi presión sobre sus brazos.
- Mmmf - Dijo ella, mientras dejaba de quejarse y cerraba los ojos.
De repente oímos un carraspeo. Miramos hacia la entrada del jardín, y a unos pasos vimos a unos cuantos alumnos de Ravenclaw de primer curso, observando la situación indecisos. Sally se deslizó bajo mis brazos con rapidez y cogió sus cosas, mientras yo me levantaba más torpemente, pensando en alguna excusa. Cogí mi bolsa y me apresuré a seguir a Sally al interior del castillo.
- Eh... Nos estábamos peleando. En serio - Dije mientras pasaba junto a los inocentes alumnos de primer curso.
La comida pasó entre bromas y comentarios de Keith, que al verme llegar a la Sala Común empapado junto a Sally con manchas de hierba en las rodillas, había llegado a la conclusión de que me había caído en la orilla del lago durante el paseo y había tirado a Sally al suelo al haber intentado ella levantarme. Cuando le dije que no había sido así y le pedí a Sally que se lo dijera, ella se encogió de hombros y dijo que no me preocupara, que Keith ya me conocía, provocando las risas de él, e incluso alguna sonrisa disimulada de Sacharissa. Luego anunció que iba a darse una ducha rápida antes de comer, a lo que Keith respondió que se acordase de quitarse la ropa, no como otros.
Después de comer Sally me anunció que quería ir a los jardines botánicos para continuar con su trabajo de Herbología un rato, y que se reuniría conmigo en la Sala Común unas horas más tarde para distraernos el resto del Sábado.
- ¿Te parece bien?
- Claro - Respondí -. Aprovecharé para intentar estudiar un poco. Nos vemos luego.
- Cuidado si yo te veo antes - Dijo con tono perverso, mientras se alejaba.
Me pregunté si pretendería en serio seguir con ese juego, y llevé mis libros hasta el sofá donde ya se encontraban Sach y Keith. Me senté junto a ellos, y al cabo de unos minutos todos parecíamos absortos en nuestras respectivas materias.
- Buf - Resopló Keith, de repente -. Creo que voy a ir a encargarme de unos asuntos.
- ¿En serio? - Dije.
- ¿De qué asuntos? - Dijo Sacharissa.
- Cosas de hombres - Dijo Keith, guiñando un ojo, aunque yo tampoco sabía a qué se refería.
- Cualquier cosa con tal de no dar golpe - Dije.
- Es que a diferencia de otros yo ya me he pasado la mañana estudiando - Replicó Keith -, en lugar de haciendo largos en el lago.
- Sí, estudiando las faldas en la biblioteca - Añadió Sach, con tono de reproche.
- Eh - Dijo Keith, encogiéndose de hombros -, unos estudian faldas, otros estudian al monstruo del lago... Como iba diciendo, vuelvo en un rato.
Sin decir más se levantó y salió de la Sala Común haciéndonos un gesto de despedida con la mano, y dejando sus libros en el mismo sofá. Sach y yo nos miramos.
- ¿Pero a dónde va? - Dijo ella.
- A mí no me mires - Dije, encogiéndome de hombros.
- En fin, volverá pronto - Dijo Sach, señalando con la barbilla las cosas de Keith, y volvió a su lectura, cosa que decidí imitar por mi parte.
Llevaba varios minutos concentrado en memorizar el método de preparación de la poción que haríamos en la siguiente clase, cuando una voz me devolvió a la realidad.
- Perdona, Starkey. ¿Muy ocupado?
Alcé la mirada, y me encontré de pie ante mí a un chico alto y delgado, de pelo corto y oscuro. Vestía los pantalones y la camisa del uniforme aparentando una especie de soltura natural, y me miraba sonriente y confiado, con las manos metidas a medias en los bolsillos del pantalón.
- No - Respondí, inseguro -, sólo estoy estudiando - Alcé mis apuntes ante el desconocido y luego los dejé a mi lado, en el sofá -. Perdona, ¿nos conocemos?
El desconocido rió ligeramente.
- Vaya, voy a terminar acostumbrándome a la pregunta - Dijo, mirando por un instante a Sacharissa, quien pude ver que observaba la conversación atentamente -. Soy William Wilkes. Séptimo curso.
Wilkes se sacó la mano derecha del bolsillo y me la tendió, sin dejar de sonreír. Me levanté y le estreché la mano, inseguro.
- Wilkes - Repetí -. Claro. Encantado.
- Igualmente. Puedes llamarme William, si quieres. Peter. Ya sabes, para distinguirme de mi hermano, que estaba aquí el año pasado. ¿Lo recuerdas?
- Sí - Dije, desconfiando. Lo recordaba. ¿De qué iba todo esto?
- Pero perdona, Peter - Prosiguió Wilkes -. Casi me olvido de para qué venía. ¿Quieres acompañarme en mi mesa mientras tomamos un té? Pembrokeshire, te aseguro que de los mejores.
- Eh... ¿Un té?
- Genial - Dijo Wilkes posando una mano sobre mi hombro y guiándome en dirección a las mesas, y luego se dirigió a Sacharissa por un momento -. Vas a tener que disculparme, no contaba con más invitados a mi mesa que Peter esta tarde... Te lo compensaré con otra taza de té en otro momento.
- Claro, claro, no importa - Dijo Sach rápidamente, y escondió la cabeza detrás de su libro, lanzando pequeñas miradas de reojo de vez en cuando.
Me dirigí con Wilkes hacia las mesas, y me senté en la silla que me indicó. Dos tazas reposaban a ambos lados de la mesa, a juego con una tetera humeante en el centro. Wilkes la cogió y, con cuidado, vertió parte del contenido en cada una de las tazas. A continuación cogió un frasco que se encontraba al lado.
- ¿Azúcar? - Me ofreció.
- Sí - Dije, inseguro -. Dos terrones. Por favor.
Wilkes sacó dos terrones con la cuchara y los dejo caer en mi taza con gran rapidez, pero sin salpicar una gota de té. A continuación sacó uno más y lo puso en su taza, tras lo cual se sentó al fin.
- En mi opinión - Dijo, comenzando a remover su taza con la cucharilla que había al lado -, demasiado azúcar te puede arruinar el sabor tan especial de este té. Pero también es cierto que si no lo has probado nunca te puede resultar un poco fuerte. En ese caso el azúcar te sentará bien.
- Ah - Dije. Cogí mi cucharilla y comencé a remover mi taza, un poco nervioso. ¿Para esto quería que le acompañara? ¿Para tomar té? ¿Y seguro que era té? Él aún no había bebido nada... Claro que aún parecía estar demasiado caliente. ¿Seguro que era buena idea que bebiera? ¿Y si se trataba de alguna poción, o algo por el estilo?
- Bueno, Peter - Dijo al fin Wilkes, dejando de remover su té -. ¿Qué tal va todo?
- ¿Qué?
- Que qué tal va todo - Repitió Wilkes, tranquilamente -. Ya sabes, las clases, los amigos, las relaciones... ¿Qué tal te van las cosas en Hogwarts?
¿De eso quería hablar? ¿De cómo me iban las cosas? ¿Qué era, mi padre? Ni siquiera mi padre había mostrado nunca tanto interés. Es decir, me había preguntado por las clases, sí, pero no parecía... Interesado, como sí lo parecía este chico al que hacía unos minutos ni siquiera recordaba.
- Pues... Todo va bien - ¿Qué le podía decir?
- ¿En serio? Me alegro de ello - Dijo Wilkes -. ¿Alguna clase que se te resista? ¿Alguna asignatura conflictiva?
- Bueno... - Dije, pensativo -. Pociones se ha vuelto muchísimo más difícil, o eso me parece a mí... Pero le estoy dedicando más tiempo que a las demás, y creo que he mejorado bastante. Por lo demás... Algunas otras se han vuelto más duras, pero si me centro podré con ellas.
Si me centraba, claro que sí. El problema era centrarse, cuando mi cabeza parecía querer llenarse con cualquier cosa antes que con las asginaturas. No me encontraba demasiado motivado, a pesar de estar acostumbrándome a estudiar más y mejor.
- Bueno - Dijo Wilkes, sonriendo -, es un alivio no tener problemas al menos por un frente, ¿no? ¿No pruebas el té?
Wilkes levantó su taza y dió un generoso sorbo. Desconfiado, me fijé en el momento en que pareció tragarlo y, finalmente, me decidí a beber. El té era rojizo y oscuro, y olía al frescor de los arbustos tras un día de lluvia. Su sabor, ligeramente afrutado y extrañamente fresco, era nuevo para mí, y pude notar también el sabor dulzón del azúcar suavizando el sabor original, como me había dicho Wilkes. Para mi sorpresa, me gustó.
- ¿Y bien? - Dijo Wilkes, observándome con gesto divertido.
- Está buenísimo - Tuve que decir -. Nunca había probado un té así.
- Hay muchos tipos de té, Peter - Se limitó a decir Wilkes -. Hazme caso, ponle sólo un terrón la próxima vez.
- Eh... De acuerdo.
- ¿Y qué me dices de tus amigos? - Continuó Wilkes.
- ¿Quiénes? - Dije - ¿Sacharissa y Keith?
- Sacharissa y Keith - Repitió Wilkes, asintiendo.
- Pues... - Dije -. Son mis amigos. Tenemos nuestros más y nuestros menos, pero...
- ¿Estáis de buenas? - Me interrumpió -. Plunket y tú.
- ¿Qué? - Dije, mirándole mientras arrugaba la frente. ¿Por qué hablaba de eso? -. Claro que estamos de buenas - Me negaba a contarle cualquier cosa que hubiera pasado con Sach, bastante trabajo parecía costarnos dejar las cosas en el pasado como para ponerme a hablar de ello con un desconocido. Lo siguiente que vería si lo hacía sería la mano de Sach volando a toda velocidad hacia mi mejilla, estaba seguro.
Miré en dirección al sofá por un momento, y para mi sorpresa vi que Keith había vuelto y miraba hacia la mesa en la que estaba con aparente enfado, mientras Sacharissa parecía contarle lo que había sucedido.
Por un momento pensé que quizá Stebbins hubiera enviado a Wilkes para sonsacarme información sobre lo que había pasado con Sach. ¿Sería eso posible? No, era demasiado absurdo... ¿No?
- Sacharissa y yo estamos bien - Repetí -. Tuvimos nuestras discusiones en el pasado... Pero ya han quedado atrás. Y estamos bien.
- Me alegro también por ello - Dijo Wilkes, sonriendo amigablemente -. ¿Y qué pasa con Parker?
- No lo sé - Dije -, también es mi amigo.
- ¿Buen amigo?
Miré a Keith de reojo.
- Sí - Respondí -. Siempre estamos de broma, puede parecer que a veces no se toma las cosas en serio, pero... Bueno, yo sé cómo es, claro que es buen amigo.
Wilkes tamborileó con los dedos sobre la mesa, mientras daba otro largo sorbo a su taza de té.
- ¿Sabes? - Dijo, finalmente -. Te he preguntado por tus amigos, y no has mencionado a Stebbins.
¿A Stebbins? ¿Y por qué iba a mencionarlo? las cosas con Stebbins habían mejorado, eso era cierto, pero eso no quería decir que fuesemos amigos del alma. Toleraba a Stebbins, y punto. También toleraba la lluvia, y eso no quería decir que fuera amigo de las tormentas.
- Stebbins - Dije, sin más.
- ¿No es tu amigo? - Dijo Wilkes -. ¿Qué piensas de él?
Vaya, el tema se estaba poniendo espinoso.
- Yo... - Dije -. No sé. No tengo demasiada confianza con él. No creo que le caiga muy bien.
- ¿Y eso?
- No lo sé - No quería decirle nada desfavorable de Stebbins a Wilkes, ¿y si me estaba buscando problemas? -. Él me tolera, pero no tenemos demasiada confianza.
Wilkes suspiró, y meditó durante unos instantes.
- ¿Sabes? - Dijo finalmente -. Hace un momento has dicho que Keith se toma las cosas muy a broma, pero que aún así es un buen amigo. Bueno, pues tal y como yo lo veo, Stebbins es lo contrario, se toma las cosas muy en serio, y por eso te da la impresión de que es distante. ¿Comprendes?
Asentí, sin hacer demasiado caso. ¿De qué demonios me estaba hablando?
- Pero en realidad - Prosiguió - sólo es su forma de ser. Piénsalo. Te ayudará a comprender tu amistad con él.
¿Mi amistad con él? ¿Pero quién se creía que era este tío? ¿Mi consejero espiritual?
Traté de calmarme bebiendo otro trago de té.
- Y Sally Kingcrow - Dijo Wilkes, tras una larga pausa. No me gustó que la mencionara, aunque no sabía muy bien por qué. De repente me sentía muy a la defensiva -. A ella está claro por qué no la has metido en el grupo de los amigos, ¿no?
Le observé en silencio, sin saber qué decir.
- ¿Qué pasa con Sally? - Dije finalmente, nervioso.
- Nada - Dijo Wilkes, aparentemente sorprendido por mi incomodidad -. ¡Nada! Vaya, perdona si te he parecido entrometido, sólo te estoy conociendo mejor, ¿no? Sally Kingcrow. ¿Qué tal os va?
- Bien - Dije, secamente -. Nos va muy bien.
- Muy bien - Repitió él -. Starkey y Kingcrow. Dos buenas familias. Una mejor que otra, claro - Me guiñó un ojo -, pero las dos buenas. Te felicito, hacéis una buena pareja, Peter.
- Gracias - Dije.
- De nada, Peter - Dijo él, y sonrió -. Pero ¿te has dado cuenta? No tienes ningún problema. Parece que todo te va bien, ¿no? Estudios, amigos, pareja... Todo perfecto.
- Supongo... - Dije, inseguro. Las cosas irían bien en general, pero me estaba sintiendo muy incómodo, a pesar de todo.
- Bueno, Peter - Wilkes se puso en pie -. Ha sido todo un placer hablar contigo, en serio. Pero odiaría distraerte más tiempo del necesario, y yo también tengo asuntos que tratar, así que, si me disculpas...
Me extendió su mano, y volví a estrechársela. En ese momento situó su otra mano sobre la mía, y me dió un afectuoso apretón con ambas.
- Un placer. En serio, Peter.
- Eh... Igualmente - Dije, desconcertado ante su amabilidad.
Wilkes me soltó, se giró, y se dirigió a la salida de la Sala Común, dejando el té y las tazas sobre la mesa. Desconcertado, me dirigí al sofá donde se encontraban mis amigos, mientras estos me miraban con marcada curiosidad.
- ¿Qué hacías con ese? - Exclamó Keith airado, casi sin darme tiempo a sentarme, esta vez entre ambos.
- ¿Con Wilkes? - Le miré extrañado -. No lo sé, me invitó a tomar un té... ¿Pero qué más te da?
- ¡No sé para qué te juntas con él!
- Te lo repito, él me invitó - Repetí, molesto -. No es que seamos coleguitas, ni nada por el estilo. Y repito también: ¿Qué más da?
- ¿No se lo contaste? - Le dijo Sach a Keith, con tono de reproche.
- ¿Contarme qué? - Dije, mirando a ambos alternativamente.
- Lo que me pasó el otro día - Dijo Keith, más calmado -. ¿No te lo conté?
- A no ser que te refieras a la historia de cómo conseguiste un flan más de postre - Dije -, no, no me lo contaste. Y te recuerdo que me debes un flan.
Keith suspiró, y me explicó cómo, un par de días antes, Wilkes había ido a hablar con él mientras estaba con Ally, y le había dicho que no sería bueno que se relacionara con una sangre sucia. Keith le había apuntado con su varita, defendiendo a Ally, pero él se había limitado a sonreír y después se había ido como si nada.
- ¿Por qué no me lo contaste? - Dije cuando hubo terminado.
- Y yo qué sé - Dijo Keith, seco -. Se me olvidaría, dejaría de darle importancia. Hasta que te he visto hoy con él, claro.
- Hum... - Dije, pensativo -. De Sally no me ha dicho nada. Dice que hacemos buena pareja, de hecho.
- Sally no es una "sangre sucia" - Dijo Keith, a regañadientes.
- Supongo que no - Admití. Aunque no sabía quién exactamente era el padre de Sally, nada parecía indicar que pudiera ser un muggle. Por un momento me paré a pensar si Sally no le habría preguntado a su madre sobre su identidad ahora que las cosas se habían aclarado.
Suspiré y les expliqué a Sach y Keith cómo había sido la conversación con Wilkes, ahorrándome algún pequeño detalle, como mi opinión de Stebbins.
- Parece que sólo quería interrogarme - Terminé -. Saber cómo me van las cosas, o cómo me siento aquí. A saber por qué. Pero conmigo ha sido muy amable.
- Y una mierda - Dijo Keith -. Amable porque le interesa.
- ¿Pero por qué le va a interesar? - Dije, encogiéndome de hombros -. ¿Qué le voy a ofrecer yo?
- Igual le gustas - Dijo Keith, jocoso.
- Qué va - Dije -. Eres tú el que no se puede acercar a Ally, ¿recuerdas? Te quiere para él, no te acerques a ninguna chica.
- Es curioso cómo olvidáis cualquier asunto serio ante la más mínima perspectiva de insinuar que alguien es homosexual - Suspiró Sach. Keith y yo nos miramos y nos encogimos de hombros. Ella prosiguió -. Si queréis saber mi opinión, quizá os estáis preocupando demasiado. Keith, como ya te dije el otro día, probablemente se haya inventado lo del padre de Ally, sólo para provocarte. A saber por qué, no te obsesiones con ello. Y Peter, contigo sólo ha sido amable. Antes te he visto rebañando los posos del té con la cuchara, no haces eso ni con el desayuno, así que no te quejes. Y conmigo también habló en la estación, claro. Probablemente sólo quiera relacionarse con alguien, ahora que los de séptimo que él conocía ya no están.
- Pues que se relacione con los de su curso - Dijo Keith.
- Mirad - Suspiró Sacharissa -, ¿queréis que le pregunte a Stebbins por él? Quizá pueda decirme algo, yo qué sé.
- Está bien... - Dijo Keith.
- Si es todo lo que podemos hacer... - Dije yo.
- Vale - Dijo Sach -. Eso haré entonces. Ahora basta de charla y a estudiar, niños.
Seguimos estudiando durante un buen rato, hasta que Sally volvió a la Sala Común cuando ya comenzaba a atardecer, y decidimos dar otro paseo juntos. A la luz anaranjada del sol le conté lo que había pasado con Wilkes, y le pedí su opinión, que de todos modos me habría dado. Como había imaginado, ella desconfiaba casi incluso más que yo, pero estaba de acuerdo conmigo en que tampoco podíamos saber qué pretendía.
- Al menos dijo que hacemos buena pareja - Le dije.
La noche había llegado y avanzado, y con ella, las horas de lectura nocturna.
Metido en mi cama, a la luz de mi varita, suspiré y abrí el diario de mi tío, desganado. Me resultaba curioso que, algo tan emocionante como ver aparecer los recuerdos de mi tío sobre el papel, me aburriese tanto. Ninguno de los días que llevábamos en el colegio había aparecido nada interesante. Siempre aparecía algo al avanzar la noche, sí, pero se limitaban a ser aburridas descripciones de los días en clase de mi tío, que para mi propia sorpresa eran aún más tediosos que los míos. Incluso Sally estaba de acuerdo en que la lectura no era interesante, pero aún así insistía en que siguiera comprobándolo cada noche.
Suspirando, busqué la página que tocaba entre las primeras. No me sorprendí al ver que el texto correspondiente ya había aparecido. Comencé a leer:
"Hoy no ha pasado gran cosa. No sé por qué sigo escribiendo.
He estudiado mucho, eso sí. He avanzado mucha materia con Pociones. Y también he podido estar con Rosanna, aunque estamos desesperados. Queremos estar juntos para siempre, aunque sé que no podremos. Nuestros corazones..."
- Oh, por Merlín - Murmuré, leyendo rápidamente cuatro párrafos de puro dramatismo.
Continué leyendo rápidamente, sin encontrar nada nuevo.
- Un párrafo más de cómo van las clases - Musité -, otros dos de las burlas por parte de mi padre por algún tipo de incidente con un plato de gachas, y después... Después... - Un escalofrío me sacudió por completo. Las letras estaban cambiando ante mis ojos.
"Y al llegar la tarde decidí que iría a Peter está solo Peter está Sally PetER SALLY KINGCROW NO ESTÁ KINGCROW LA NOCHE PETER YA VAN PETER KINGCROW PETER STARKEY STARKEY STARKEY NO SE ATREVE ESTÁ ASUSTADO SALLY KINGCROW ESTÁ"
Cerré el diario de golpe, apretándolo con mis manos como si pudiera volver a abrirse por sí mismo. Noté mis manos pegajosas, y el sudor frío cayéndome por la frente. Me quedé así unos minutos, sin atreverme a moverme. No sabía qué había pasado, pero fuera lo que fuera, me había asustado.
Cuando al fin me decidí a moverme, cogí los demás libros, y metí el diario entre ellos. Fui a ponerlos al pie de la cama, pero dudé unos instantes. Finalmente me levanté en silencio y, en medio de la oscuridad, caminé descalzo hasta el armario y metí todos los libros, entre ellos el diario, bajo toda la ropa que tenía apilada. Después cerré el armario y volví rápidamente a mi cama. Me cubrí con las mantas sin atreverme siquiera a murmurar, pero no dejaba de sudar. Cerré los ojos con fuerza y traté de dormir.
No lo conseguí en toda la noche. Estaba muy bien aburrido.

8 de Septiembre, Jueves
Los primeros días después de las vacaciones siempre eran los más duros, consistían en volver a recuperar cada una de las rutinas que habíamos olvidado en apenas unos meses. Desayunar, comer, cenar, siempre a la misma hora, puntuales como un reloj. Interminables clases donde había que concentrar todo nuestro esfuerzo en mantener la atención con el fin de parecer mínimamente interesados en las materias. Gritos, risas, lloros entre cada clase, momentos durante los que el tiempo decidía esprintar. Aunque sin lugar a dudas, la peor de todas no era otra que madrugar, aun habiendo trabajado en la tienda de mi tío durante el verano, teniendo que levantarme varios días cuando el sol aun seguía desaparecido, las ojeras en mi cara demostraban que todavía necesitaba acostúmbrame a los nuevos horarios.
Tumbado sobre mi cama, sujetaba con fuerza la sábana evitando que los tirones, cada vez más fuertes, me la quitasen.
- ¡Vamos perezoso! - un nuevo tirón al tiempo que aflojaba la tela produjeron un estruendo en la habitación.
Abrí un ojo con dificultad, contuve la risa sabiendo lo que iba a encontrarme. En el suelo se encontraba Peter, el trozo de sábana que había conseguido quitarme estaba enredado en sus piernas impidiéndole levantarse.
- ¡Parker! a ver si dejas de tirar la porquería al suelo. - Stebbins miraba a Peter desde la puerta y salió sonriendo de la habitación.
Últimamente Stebbins mostraba un comportamiento extraño hacía nosotros, empleaba un tono muy distinto al hostil y burlón de años anteriores, incluso se podría decir que era agradable.
Me levanté y cogí de un extremo la sábana que estaba en el suelo, tiré de él, arrastrando también a Peter que aun no había conseguido zafarse del nudo que aprisionaba sus piernas.
- Bueno tendré que sacar la basura - dije abriendo la puerta.
- Eso tu riele las gracias a ese... - Peter protestó murmurando diferentes descripciones de Stebbins no muy desencaminadas de la realidad.
Ayudé a Peter a levantarse y recogimos la habitación con la mayor velocidad que pudimos.
- Espero que hoy al menos tenga alguna tostada - comenté mientras bajamos corriendo las escaleras que conducían a la sala común.
- O por lo menos un vaso con zumo - contestó Peter.
Como de costumbre a esas horas de la mañana la sala común estaba totalmente vacía, la cruzamos en un suspiro en dirección al gran comedor. A medida nos acercábamos, el número de alumnos por los pasillos en dirección a las aulas iba en aumento. Cuando por fin entramos sólo los grupos más rezagados seguían desayunando. En la mesa de Slytherin estaban Sacharissa y Stebbins hablando, sus tazas estaban vacías, frente a ellos se encontraba Sally terminado el último trozo de una pasta de melocotón. Nos sentamos a su lado y buscamos entre los restos de comida que había sobre la mesa algo que mereciese la pena llevarse a la boca.
- Otra vez tarde - dijo Sacharissa - como sigáis así no os va a quedar ni los restos.
- Toma, te he guardado un poco - Sally le acercó a Peter un plato con una tostada, dos magdalenas y un bol de cereales.
- Muchas gracias - respondió dándole un beso.
Acerqué disimuladamente la mano a la tostada de Peter pero un gesto amenazante de su tenedor me hizo retroceder y conformarme con una de las quemadas que quedaban sobre la mesa. Apenas tuvimos tiempo para dar un par de bocados al espectacular desayuno cuando la comida sobre la mesa empezó a desaparecer indicando que era la hora de ir a clase.
La diferencia entre Sexto y Quinto curso se veía claramente en el tamaño de los libros, los de este año eran el doble de anchos que los del anterior, con el tamaño de letra mucho más pequeña de lo habitual y con constantes ejemplos reales sobre los temas tratados. A pesar de ello cada uno de los profesores no dejaban de recordarnos una y otra vez que este año debíamos atender en cada clase, pues nosotros habíamos elegido asistir a ellas. Aunque mi mayor preocupación en aquel momento era pensar que hacer con la cantidad de horas libres que tendría ese año, no estaba muy seguro si, pasármelas tumbado tomando el sol o hacer un poco de ejercicio por los campos del colegio, afectaría de forma favorable a mi futuro profesional.
Durante la mayoría de las clases en las que coincidía con Peter y Sacharissa me sentaba junto a Peter y Sally como el último año, Sally parecía que con el paso del tiempo había ganado en confianza y de vez en cuando se unía a nuestras conversaciones e incluso bromeaba. Sólo en transformaciones cambiaba de sitio para ponerme junto a Ally ya que era la única clase que compartíamos con Hufflepuff, y aunque llevábamos años siendo amigos, muchos de mis compañeros Slytherin me lanzaban acusadoras miradas siempre que les daba la ocasión.
- Creo que Vince te quiere decir algo - Ally me indicó la zona donde Vince estaba sentada con un movimiento de cabeza.
Vince nos observaba con el ceño fruncido desde la mesa de al lado, cuando cruzamos las miradas se giró para comentarle algo al oído a su compañera.
- No te preocupes, será que le gusto - contesté esperando ver si Vince volvía a mirarnos.
- ¿Gustarle tu? - Ally esbozó una delicada sonrisa - No creo, es más posible que le guste yo.
Reímos.
- Ally - hice una pausa intentando parecer interesante y usando un tono mucho más grave - cualquiera de estas chicas daría lo que fuera por estar sentada a mi lado.
Pasé mi mano bajo la mesa y la posé sobre su pierna. Ally me abrió los ojos, miró alrededor, y cuando comprobó que nadie nos prestaba atención se acercó a mí.
- Keith - hizo una pausa a la vez que puso su mano sobre la mía y la agarró. - cualquiera de estos chicos - quitó mi mano de su pierna, la puso sobre la mesa soltándome. - se moriría - continúo acercándose y bajando la voz, haciendo que a mi forma de verla resultase irresistible - por estar a esta distancia de mí. - Ally me sonrió volviendo a mirar hacia la profesora.
Durante un rato estuvimos atendiendo a las explicaciones de profesora McGonagall sobre una transformación compleja simple y una compleja completa, dejando bien claro que las segundas sólo los magos con talento y dedicación llegaban a conseguir hacer. Por el rabillo del ojo observaba como Ally tomaba apuntes, el pelo le caía sobre la cara provocando que lo apartase frecuentemente con la pluma. No podía evitar sentirme atraído por ella.
- ¿Tú crees? - le pregunté.
Ally puso cara de no entender que le estaba preguntando.
- ¿Crees que a todos estos les gustaría estar tan cerca de ti? - Ally repasó con la mirada toda el aula. - Es te voy a ser sincero, eres un poco feílla - continué intentando picarla - y no hueles muy bien.
Ella cerró el puño y amenazó con golpearme el hombro pero interrumpió la acción al percatarse de que la profesora se dirigía a nuestra zona.
- Lo que creo es que tienes envidia - susurró haciendo que atendía.
- ¿Envidia? ¿Yo?
- Si, envidia de que yo puedo tener a quien me apetezca y tu no. - Apoyó sus codos sobre la mesa e impulsó su cuerpo para poder acercarse a uno de los dos chicos de su casa que se sentaban delante. Le dijo algo al oído que provocó que el chico se girara y le guiñase un ojo. - ¿Ves? - sentenció con aire de victoria.
- Más quisieras... - miré hacia Peter y Sally los cuales parecían entretenidos escribiendo algo en el mismo pergamino. Me mantuve cayado intentando que la conversación cambiase de tercio, pero Ally no se daba por vencida con facilidad.
- ¿Que te apuestas?
Supe que seguramente no tendría muchas opciones de ganar la apuesta pero era demasiado orgulloso como para echarme atrás.
- ¿En que estas pensando? - pregunté temiendo la respuesta.
- Te apuesto a que me lio con más alumnos que tu durante este curso, además con el torneo tendremos más variedad donde elegir.
- Sabes que no tienes nada que hacer y no sé que ganaría yo humillándote - reí.
- ¿No te vale con que reconozca que toda esa chulería está justificada?
- En realidad se que lo reconoces
- Está bien - Ally cogió su pluma y escribió unas líneas sobre su pergamino.
Me acerqué para ver bien y poder leerlo sin problemas. Cuando terminé le contesté.
- Acepto tu apuesta.
Con un movimiento de su varita Ally borró lo que había escrito. La profesora McGonagall dio por finalizada la clase y las voces de los alumnos inundaron el aula. Stebbins y Sacharissa salieron los primeros haciéndonos una señal de que nos esperaban en la puerta.
- ¿Nos vemos después de comer? - Tenía horas libres gracias al profesor Snape y a la cantidad de horas que tenía asignada la asignatura de pociones.
- Vale, así ultimamos los detalles.
Nos reunimos con los demás y fuimos todos juntos hacia el comedor. Tras terminar de comer Peter y Sacharissa fueron a pociones y yo esperé apoyado en una columna a que Ally saliese. Dimos una vuelta alrededor del patio principal, buscando un sitio donde sentarnos, hacía mucho viento por eso no decidimos ir a los jardines y ver si encontrábamos un lugar más guarnecido. A pesar de ser horario de clase se veían alumnos pululando de un lado a otro, estaba claro que la clase de Snape no debía tener mucha afluencia. Decidimos quedarnos junto a una columna del pasillo donde menos aire daba, dejamos los libros en el suelo y nos sentamos en su base.
Después de un tiempo negociando concluimos que la apuesta solamente tendría 3 normas.
1) No cuentan las vacaciones: Cualquier persona con la que no liásemos en vacaciones no se tendría en cuenta.
2) Prohibida cualquier influencia: Cada uno de los ligues tendría que estar con nosotros por propia voluntad y sin tener que darle nada a cambio.
3) Ningún afectado sabría sobre la existencia de la apuesta.
- Pues ya está - Ally guardo el trozo de pergamino donde había escrito las normas entre las páginas de uno de sus libros.
- Aun tenemos que saber cómo conocer de verdad si estuviste con uno o no.
Lo más complicado sería demostrar si mentíamos o no cuando dijésemos que habíamos estado con una persona u otra.
- Ya tengo algo en mente pero quiero hablarlo con Sach antes, a ver si es posible.
- Así que ya empiezas a hacer trampas, si se lo cuentas, la tengo que quitar de mi lista de posibles. - repliqué.
- Ella no se liaría contigo ni loca. Si quieres se lo puedes contar a Peter y así nos igualamos. - respondió sorprendida.
- Peter esta con Sally, el no caería en tus maquiavélicas redes.
- Y Sach con Stebbins - contrarrestó ella.
- Pero es Stebbins - él a todas luces no contaba como novio - además no hay ninguna norma que lo impida.
- Peter y Sach descartados, ¿ok? - finalizó ella tapándome con la mano la boca.
Tenía las manos congeladas, el día estaba oscureciendo y cada vez el frio era mayor. Le ofrecí mi jersey y se lo puso alrededor de las manos a modo de manta.
- Vale, pero hasta que no esté claro cómo evitar los engaños no comienza la apuesta.
- Jeje, veo que tienes miedo. - rió ella.
- ¿Miedo?, pero si el vencedor está claro. - dije guiñando un ojo al reflejo que se dibujaba en la ventana de la clase de enfrente.
Ally apoyó su cabeza en mi hombro. Nos miramos desde el otro lado de la ventana. Acarició con sus labios mi cuello consiguiendo transformar el viento a nuestro alrededor en una tenue brisa, hasta que nuestros labios se encontraron.
- Esta claro - susurró.
El tiempo corría entre risas, besos, caricias, disimulando cada vez que veíamos o escuchábamos a alguien acercarse. Cuando la hora del final de las clases se acercó, nos pusimos de nuevo en marcha para evitar caminar esquivando alumnos. De camino a los jardines interiores vimos a un grupo de Hufflepuff sentados en las escaleras que conducían a su casa.
- Espera un momento - dijo Ally antes de dirigirse hacia ellos.
Me quede observándolos desde el pasillo, pude distinguir al chico al que Ally había susurrado en clase esa misma mañana, que se reía mientras hablaba con ella, intente recordar su nombre pero no lo conseguí.
- Un don nadie - pensé apartando la vista de ellos.
- Hola Parker - dijeron a mi espalda.
Al darme la vuelta vi a William Wilkes, aunque era miembro de Slytherin apenas había cruzado alguna palabra con él durante los años que llevaba en el colegio.
- ¿No tienes pociones? - continuo.
- No, decidí dejarla este año - contesté
- Voy a la sala común ¿vienes? - me indicó señalando el final del pasillo.
- No, estoy esperando a una amiga - mire hacia Ally que seguía hablando con sus compañeros.
Wilkes miro hacia ellos y en su rostro se dibujo una pequeña sonrisa.
- ¿No crees que tus compañías no son las más indicadas para alguien como tú? - dijo sin mirarme en un tono completamente tranquilo.
- No entiendo que quieres decir - intenté disimular, sabía de sobra que para un Slytherin tener amigos en Gryffindor o Hufflepuff era extraño, pero normalmente el resto se limitaba a mirar con aire de desaprobación, pocos eran los que decían algo y más sin conocer a la persona.
- Esta amiga tuya de Hufflepuff ¿Allyson se llama?, ¿de veras quieres que te relacionen con ella? - me miró sin pestañear, esperando una respuesta.
- No veo por qué no van a poder relacionarme con ella - balbuceé sin saber que decir, no sabía por qué extraña razón le contestaba.
- Porque no sería bueno para tu imagen que te relacionaran con una sangre sucia. - me espetó.
Las últimas palabras resonaron como el eco en mi cabeza.
- ¡Pero tú que sabrás! ¡Ni siquiera ella lo sabe! - me coloqué a apenas un palmo de distancia suyo, a pesar de ello él ni siquiera se movía un centímetro y me miraba desafiante.
Vi como Ally y el grupo de Hufflepuff se percataban de nuestra conversación.
- Por lo que tengo entendido, es más que probable que su padre sea un muggle - la voz no le tembló ni un ápice - Lo que la hace...
Sin dejarle terminar la frase saqué de la túnica mi varita y dando un paso atrás le apunté a la cara, sin darme cuenta de donde había salido tenía su varita justo entre mis cejas. Las sienes me palpitaban y un montón de hechizos se arremolinaban en mi boca luchando por salir uno tras otro.
- ¿Como te atreves?, ¿Quién eres tú para decir nada?
Ninguno de los dos movía un músculo, nuestras miradas se analizaban intentando descubrir la intención del otro. Ambas varitas se agitaron levemente como si empezasen a entonar una misma composición.
- ¡Keith! - Ally me sujetó el brazo obligándome a bajar la varita. Wilkes a su vez guardo la suya en el bolsillo. - ¡Para! ¿Qué está pasando?
- Ya hablaremos - me dijo Wilkes sonriendo.
A continuación se fue por el mismo pasillo por el que había aparecido. No le quité la vista de encima hasta que dobló la esquina y ya no podía seguirlo.
- ¡Keith! - insistió Ally sacándome de mis pensamientos. La miré y poco a poco me fui tranquilizando, guardé mi varita y observé como el grupo de Hufflepuff nos miraba cuchicheando entre ellos.
- ¿Qué paso? ¿Por qué os amenazasteis? - preguntó Ally aun sujeta a mi brazo.
- Nada, simplemente me insultó por no aprobar pociones - justifiqué con lo primero que se me ocurrió.
- No te creo, dime la verdad
Aunque Ally no se creía la excusa, era lo único que se me ocurría en esos momentos y no creí recomendable decirle las mentiras que decían sobre ella.
- Esa es la verdad, es un imbécil - intenté ser convincente.
Ally seguía sin parecer convencida pero no dijo nada.
- Se está haciendo tarde, quizás sea mejor que me vaya - buscaba la forma de salir del paso e irme y pensar en lo ocurrido sería la mejor manera de conseguirlo.
Asintió con extrañeza, nos despedimos y me fui mientras Ally volvía a sentarse junto a sus compañeros. De camino a mi habitación le daba una y otra vez vueltas a lo que me había dicho Wilkes, parecía muy convencido de saber quién era el padre de Ally y sin embargo resultaba completamente imposible que lo supiese.
Sach estaba sola en un sofá entretenida en la lectura de 'El Profeta', me senté a su lado sin decir nada. Ella levanto la vista por encima del periódico un instante y continúo leyendo.
- ¿Que te pasa? - dijo unos segundos después.
Lo que más apreciaba de mi relación con Sach era que sabía sin falta de decirle nada cuando me pasaba algo. Le conté lo sucedido con Wilkes remarcando los comentarios que había echo sobre Ally y su padre, llegando a la conclusión de que lo más probable es que se lo hubiese inventado aunque no sabíamos porque razón lo haría.
Siempre había un razón.